Esa punzada aguda y molesta que sientes en el oído al volar no es una simple coincidencia ni una manía de tu cuerpo. Se llama barotraumatismo del oído y es una reacción física perfectamente normal ante los bruscos cambios de presión que se producen en la cabina durante el despegue y, sobre todo, el aterrizaje. Cuando el avión asciende o desciende rápidamente, la presión exterior cambia a un ritmo vertiginoso, mientras que el aire atrapado en el oído medio tarda en adaptarse. Si esa diferencia de presión no se equilibra a tiempo, la membrana del tímpano se tensa, provocando esa incómoda sensación de taponamiento, dolor sordo e incluso una pérdida temporal de la audición.
La causa principal de este malestar es la dificultad para igualar la presión interna con la del entorno a través de la trompa de Eustaquio, el pequeño conducto que conecta el oído con la parte posterior de la nariz y la garganta. Hay varios factores que empeoran esta situación. El más frecuente es viajar con congestión nasal, un resfriado común o alergias, ya que las vías respiratorias inflamadas bloquean directamente el paso del aire hacia la trompa de Eustaquio. Sufrir una infección de oído previa también multiplica la sensibilidad al dolor. Del mismo modo, utilizar auriculares que sellen demasiado el canal auditivo durante las maniobras del avión o haber realizado buceo de forma reciente son circunstancias que alteran el comportamiento normal del oído ante los cambios de presión.
Aunque en la gran mayoría de los casos se trata de una molestia pasajera que desaparece poco después del aterrizaje, ignorar el dolor o volar en pésimas condiciones de salud puede traer consecuencias desagradables. Lo más común es experimentar dolor agudo, sensación de plenitud e hipoacusia temporal, pero en situaciones más extremas o con cambios de presión bruscos, la tensión sobre el tímpano puede llegar a ser tan intensa que provoque su ruptura. Por eso, entender cómo reacciona nuestro cuerpo ante la altitud es la mejor herramienta para viajar tranquilos.
Afortunadamente, existen técnicas sencillas y efectivas para prevenir el barotraumatismo o aliviarlo en pleno vuelo. La clave consiste en estimular de forma activa la apertura de la trompa de Eustaquio. Acciones tan cotidianas como masticar chicle, tragar saliva constantemente, beber agua a pequeños sorbos o forzar un bostezo amplio ayudan a que los músculos de la garganta abran ese canal de ventilación de forma natural. Otra opción eficaz es utilizar tapones específicos para volar, diseñados para regular la entrada de aire y hacer que el cambio de presión en el conducto auditivo sea gradual.
Si la molestia persiste, una de las técnicas más conocidas es la maniobra de Valsalva, que consiste en tomar aire, taparse la nariz, cerrar la boca e intentar soltar el aire suavemente por la nariz como si nos sopláramos. Esto empuja el aire de forma directa hacia el oído medio para nivelar las presiones, aunque siempre conviene hacerlo con mucha suavidad para no dañar el tímpano. Por último, si eres propenso a sufrir alergias, tomar un antihistamínico o un descongestionante antes del vuelo puede marcar la diferencia al reducir la inflamación nasal. Y siempre que sea posible, la mejor recomendación médica sigue siendo posponer un viaje en avión si atraviesas un episodio grave de infección respiratoria u otopatía. Con estos pequeños cuidados, volar volverá a ser una experiencia plácida y libre de molestias.
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