Hay una idea sencilla que ayuda a entender por qué las diferencias económicas pueden hacerse cada vez mayores con el paso del tiempo. Quien parte con una ventaja tiene, en determinadas circunstancias, más posibilidades de conseguir otra ventaja después. Y esa segunda ventaja puede facilitar una tercera. El proceso se parece a una bola de nieve que crece mientras avanza. Este fenómeno se conoce como efecto Mateo. El nombre procede de un pasaje del Evangelio de Mateo que expresa que quien ya tiene puede recibir todavía más. El sociólogo estadounidense Robert K. Merton utilizó el término en mil novecientos sesenta y ocho para describir un fenómeno que observó inicialmente en la ciencia, aunque con el tiempo la expresión se extendió a otros ámbitos, incluida la economía.
Conviene aclarar algo desde el principio. El efecto Mateo no es una ley económica que diga que toda persona rica se hará necesariamente más rica ni que toda persona con pocos recursos estará condenada a perderlos. Es la descripción de un mecanismo acumulativo. Cuando una ventaja inicial permite obtener rendimientos adicionales y esos rendimientos pueden reinvertirse, las diferencias pueden ampliarse aunque las personas comiencen con distancias relativamente pequeñas.
Imaginemos dos personas que disponen de diez mil y cien mil euros respectivamente y que consiguen exactamente el mismo rendimiento anual del cinco por ciento. La primera obtiene quinientos euros y la segunda cinco mil. Al año siguiente, si reinvierten todo, tendrán diez mil quinientos y ciento cinco mil euros. La diferencia absoluta ha aumentado de noventa mil a noventa y cuatro mil quinientos euros sin que exista ninguna variación en el porcentaje obtenido.
El interés compuesto hace que este mecanismo sea especialmente importante. Si ambas mantienen un rendimiento del cinco por ciento durante veinte años, los diez mil euros iniciales se convierten en unos veintiséis mil quinientos euros, mientras que los cien mil se convierten en unos doscientos sesenta y cinco mil. La proporción se mantiene, pero la distancia en euros pasa de noventa mil a aproximadamente doscientos treinta y ocho mil quinientos.
La cuestión se vuelve todavía más interesante cuando la persona con más patrimonio no obtiene simplemente el mismo rendimiento, sino uno algo mayor. En ese caso, la ventaja porcentual y la ventaja inicial se refuerzan mutuamente. Un estudio basado en doce años de registros fiscales de la población de Noruega encontró diferencias importantes en los rendimientos obtenidos por los hogares. Entre el percentil diez y el noventa de la distribución de riqueza financiera, el rendimiento aumentaba aproximadamente tres puntos porcentuales. En el caso del patrimonio neto, la diferencia era mucho mayor.
¿Por qué una persona con mucho patrimonio podría conseguir un rendimiento superior? Una parte se explica por el riesgo. Quien dispone de un colchón financiero mayor puede permitirse invertir en activos con más riesgo y esperar a que maduren. Además, la investigación indica que influyen el conocimiento financiero, la capacidad para analizar información, la experiencia empresarial o el acceso a mejores oportunidades. El dinero no solo genera dinero mediante intereses o dividendos, sino que proporciona tiempo, margen de error e información.
Hay otro mecanismo que refuerza este proceso, que es la transmisión entre generaciones. Los datos noruegos muestran que los hijos de familias muy ricas tienen muchas más probabilidades de ser ricos de adultos. Sin embargo, los hijos de las personas con rendimientos extraordinariamente altos no necesariamente reproducen esas mismas rentabilidades. El patrimonio se transmite con mayor facilidad que el talento excepcional para hacerlo crecer.
Pensemos en dos personas que quieren comprar una vivienda. La primera tiene cien mil euros ahorrados y la segunda diez mil. Si necesitan pedir una hipoteca, la primera puede aportar una entrada mayor y solicitar un préstamo más pequeño, conservando ahorros para imprevistos. La segunda necesita financiar una proporción mucho mayor. Las dos pueden tener el mismo salario y ser igual de responsables, pero su patrimonio inicial cambia considerablemente las opciones disponibles.
El efecto Mateo no explica por sí solo la desigualdad. La riqueza depende de salarios, impuestos, educación, herencias, decisiones de inversión y suerte. Sin embargo, ayuda a entender cómo las ventajas iniciales se refuerzan a sí mismas. Cuando el proceso se repite durante décadas, una pequeña diferencia inicial puede terminar siendo enorme. Ese es el verdadero significado económico del efecto Mateo.
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