Todos tenemos frases que nos inspiran, nos motivan o nos invitan a reflexionar. A lo largo del tiempo he recopilado varias citas que me acompañan y que, de una u otra forma, han influido en mi manera de ver la vida. Algunas me recuerdan la importancia de la constancia, otras la esencia de la empatía y otras simplemente son un recordatorio de que siempre hay algo nuevo por aprender.
Sin embargo, entre todas ellas hay una que considero verdaderamente especial, una frase que he adoptado como propia y que incluso he adaptado a partir de la tercera ley de Newton. Esta ley afirma que a toda acción corresponde una reacción igual y opuesta, pero yo la he reinterpretado desde un punto de vista más humano y cotidiano. Mi versión es simple, directa y con una carga poderosa de responsabilidad personal:
«A cada acción u omisión, una reacción»
Esta frase no solo habla de las consecuencias de lo que hacemos o dejamos de hacer, sino también de cómo elegimos responder a lo que los demás hacen con nosotros. Nos recuerda que cada decisión —o falta de ella— provoca un efecto, y que todo acto, palabra, silencio o actitud tiene un retorno inevitable. Adoptarla como guía implica vivir con conciencia y coherencia, asumiendo que la vida devuelve lo que hayamos o hayan sembrado. En parte, también refleja una postura firme y justa: te trataré como me trates, no por rencor, sino por equilibrio y dignidad.
