Un coche

Siempre he pensado que el mejor coche es aquel que te lleva de un lado al otro sin dejarte tirado. Esa es, en esencia, su función principal; cualquier otra característica —por muy avanzada, potente o lujosa que sea— viene después. Dicho esto, hay automóviles que trascienden su propósito práctico y se convierten en verdaderas piezas de historia, arte e ingeniería.

Entre los coches de colección, mis favoritos son:

  • BMW 328 (1936–1940)

El BMW 328 es uno de los deportivos más emblemáticos de preguerra. Ligero, elegante y con líneas aerodinámicas que influenciaron décadas de diseño automovilístico, fue un pionero en combinar estética y rendimiento. Equipado con un motor de seis cilindros y una potencia de alrededor de 80 CV, destacó en competiciones como la Mille Miglia de 1940, donde dejó huella por su equilibrio entre velocidad, fiabilidad y precisión. Es considerado un coche que definió el ADN deportivo de BMW.

BMW 328 (1936–1940)
  • BMW 507 (1956–1959)

El BMW 507 es una obra de arte sobre ruedas, diseñado por Albrecht von Goertz. Su carrocería de aluminio y su motor V8 lo convirtieron en una joya exclusiva, pensada para competir con los roadsters británicos y estadounidenses de la época. Aunque su alto costo limitó la producción a poco más de 250 unidades, su elegancia atemporal lo volvió legendario. Entre sus propietarios estuvieron Elvis Presley y Alain Delon, símbolo del glamour automovilístico de los años 50.

El BMW 507 es una obra de arte sobre ruedas, diseñado por Albrecht von Goertz. Su carrocería de aluminio y su motor V8 lo convirtieron en una joya exclusiva, pensada para competir con los roadsters británicos y estadounidenses de la época. Aunque su alto costo limitó la producción a poco más de 250 unidades, su elegancia atemporal lo volvió legendario. Entre sus propietarios estuvieron Elvis Presley y Alain Delon, símbolo del glamour automovilístico de los años 50.

BMW 507 (1956–1959)
  • BMW M1 (1978–1981)

El BMW M1 fue el primer automóvil desarrollado íntegramente por la división deportiva BMW Motorsport. Se trató de un superdeportivo con motor central, chasis tubular y carrocería diseñada por Giorgetto Giugiaro, que combinaba ingeniería alemana y espíritu italiano. Con su motor de seis cilindros en línea y más de 270 CV, el M1 fue el precursor de toda la serie “M” de BMW. Hoy es un ícono de culto y una pieza codiciada por coleccionistas, símbolo del momento en que BMW se atrevió a competir con Ferrari y Lamborghini en su propio terreno.

BMW M1 (1978–1981)
  • Volkswagen Tipo 1 (1938–2003)

El Volkswagen Tipo 1 es, sin duda, uno de los coches más reconocibles y queridos del mundo. También conocido como Beetle, Bug, Vocho, Escarabajo, Fusca, Coccinelle o Maggiolino, según el país, este modelo fue diseñado originalmente por Ferdinand Porsche bajo la idea de crear un “coche del pueblo” accesible, resistente y fácil de mantener.

Su diseño redondeado y su motor trasero enfriado por aire se convirtieron en su sello distintivo. A lo largo de más de seis décadas de producción, fue fabricado en Alemania, México y Brasil, y superó los 21 millones de unidades vendidas. Más que un automóvil, el Tipo 1 fue un símbolo cultural: acompañó generaciones enteras, protagonizó películas, y se ganó un lugar en la historia por su fiabilidad, sencillez mecánica y personalidad única.

Volkswagen Tipo 1 (1938–2003)

Cada uno representa un momento clave en la evolución del automóvil y refleja una filosofía distinta del diseño y la conducción.

Una marca

En cuanto a marcas, mis preferencias son claras: Porsche, BMW, Mercedes-Benz y el Grupo Volkswagen. Todas ellas comparten una mezcla de tradición, precisión y carácter. Son fabricantes que han sabido evolucionar sin perder su esencia, combinando diseño, innovación y fiabilidad. Me gustan porque representan la ingeniería bien hecha, donde cada modelo tiene una razón de ser y un respeto por el conductor.

Porsche, BMW, Mercedes-Benz y el Grupo Volkswagen.

* Aunque en mis textos pueda mencionar o elogiar películas, series, libros, marcas, personajes, equipos o cualquier figura pública, quiero dejar muy claro que no me fanatizo ni idolatro a nadie ni a nada. Creo firmemente que todas las personas deberíamos evitar idealizar o convertir en ídolos a equipos, banderas, países, celebridades, personajes reales o ficticios. Admirar algo por su calidad, su aporte o por lo que nos inspira no significa entregarle nuestra identidad, criterio o libertad de pensamiento. Podemos disfrutar, aprender y reconocer el valor de una obra o de una persona, sin perder la objetividad ni el equilibrio. Para mí, la admiración debe ser consciente, sana y con criterio, no ciega ni fanática. Por eso, todo lo que comparto lo hago desde la valoración personal, la reflexión y el aprendizaje, nunca desde la idolatría.

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