La cocina

Mi abuela solía decir dos frases célebres que se me quedaron grabadas para siempre: “El diablo sabe por diablo, pero más sabe por viejo” y también repetía: “Cuando hay hambre, no hay pan duro”. Y tenía razón en ambas. La primera, un recordatorio de que la experiencia es un grado que supera incluso la astucia; la segunda, una enseñanza sencilla pero profunda sobre apreciar lo que se tiene y no ponerse exquisito cuando realmente se tiene necesidad.

Dicho esto, y dejando claro que, cuando hace falta, se come lo que haya, si puedo elegir, mi gusto culinario se inclina sin duda hacia la cocina:

Italiana:

Su mezcla de sabor, sencillez, tradición e ingredientes de calidad me resulta irresistible. Las pastas, las pizzas, los risottos, los quesos italianos en general, el jamón, el aceite de oliva, los helados, los dulces y la enorme variedad regional de Italia forman un universo gastronómico único. En cuanto a la bebida, destaco los vinos del Oltrepò Pavese y los espumantes tipo moscatel. Todo ello hace que cada plato tenga personalidad propia y una historia detrás.

Comida Italiana
Argentina:

Las carnes argentinas, con su arte para asar y su respeto por el producto, además de sus clásicos como las empanadas, las pizzas argentinas, la milanesa a la napolitana, las facturas y el dulce de leche.

Comida Argentina
Española:

Los arroces españoles (en especial el negro, del senyoret y abanda), la fideuá, el queso manchego, el jamón serrano, el marisco, el chuletón de buey y el aceite de oliva: una cocina rica en variedad y tradición.

Comida Española
Francesa:

Si es por un vino tinto, prefiero uno de Burdeos.

Vino de Burdeos
Alemana:

Y, por último, la sobria y contundente gastronomía alemana, con sus panes, salchichas, hamburguesas, codillo de cerdo con knodel, cervezas, apfelstrudel, tartas como la selva negra y chocolates, que saben a historia y carácter.

Comida Alemana

No, gracias:

Como he dicho antes, si hay que comer, se comerá; pero, si se puede evitar, mejor. No soy partidario del champán, del vino blanco ni de las comidas asiáticas en general. Tampoco me gustan los platos con salsas fuertes o muy picantes. A mi entender, cuando un plato necesita una salsa demasiado intensa es porque la comida es mala o está mala, y se intenta enmascarar su sabor. La comida, para mí, tiene que ser y saber natural. Por la misma razón, tampoco disfruto de las fritangas ni de los platos con exceso de aceite.

Lo tengo muy claro: no me gustan los insectos ni pienso incorporarlos a mi alimentación. Otra cosa es que algún día pretendan obligarnos, pero, en lo personal, me niego rotundamente.

Lo tengo muy claro: no me gustan los insectos ni pienso incorporarlos a mi alimentación. Otra cosa es que algún día pretendan obligarnos, pero, en lo personal, me niego rotundamente.

Asimismo, mi rechazo es absoluto hacia las drogas, el tabaco y las bebidas blancas. Creo que nada de eso aporta verdadero valor ni placer duradero, solo dependencia y deterioro.

* Alcohol, siempre con moderación y solo cuando sé que no voy a conducir después; de lo contrario, prefiero cerveza 0,0 o Coca-Cola Zero. Disfrutar no tiene por qué poner en riesgo mi vida ni la de los demás. Con el agua quitas la sed; el resto, para degustar.

** Aunque en mis textos pueda mencionar o elogiar películas, series, libros, marcas, personajes, equipos o cualquier figura pública, quiero dejar muy claro que no me fanatizo ni idolatro a nadie ni a nada. Creo firmemente que todas las personas deberíamos evitar idealizar o convertir en ídolos a equipos, banderas, países, celebridades, personajes reales o ficticios. Admirar algo por su calidad, su aporte o por lo que nos inspira no significa entregarle nuestra identidad, criterio o libertad de pensamiento. Podemos disfrutar, aprender y reconocer el valor de una obra o de una persona, sin perder la objetividad ni el equilibrio. Para mí, la admiración debe ser consciente, sana y con criterio, no ciega ni fanática. Por eso, todo lo que comparto lo hago desde la valoración personal, la reflexión y el aprendizaje, nunca desde la idolatría.

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