El mundo está saturado de ideología. Ciencia, tecnología, salud, incluso el amor: nada se libra de las garras de agendas polarizadas. Lo que antes era un esfuerzo por entender o descubrir se ha transformado en un campo de batalla donde las creencias rígidas dictan las reglas. No es solo política; es algo más profundo, una corriente que atraviesa cada rincón de nuestras vidas.

La ciencia, por ejemplo, antaño símbolo de curiosidad y evidencia, ahora se manipula para encajar en narrativas preconcebidas. Los estudios se eligen o se retuercen para seguir la corriente de lo popular, no de lo verdadero. La tecnología, lejos de ser solo innovación, se ha convertido en un altavoz de visiones del mundo, desde algoritmos que filtran lo que ves en internet hasta aplicaciones que moldean tus hábitos. La salud no se queda atrás: los consejos sobre qué comer o cómo vivir vienen cargados de juicios morales, como si tus decisiones definieran quién eres.
Pero donde esto se vuelve más inquietante es en el amor. Algo que debería ser natural, espontáneo, un misterio imposible de encasillar, ahora está atrapado en una red ideológica. Las agendas te dicen a quién amar, cómo expresarlo, qué sentir y qué está permitido. Han tomado algo profundamente humano y lo han convertido en un guion ideológico, un conjunto de normas que debes seguir para ser «correcto». Ya no se trata de conectar con otra persona, sino de cumplir con un molde predefinido. Es como si el amor, en su esencia libre, hubiera sido secuestrado por dogmas que no admiten matices.
Y este es el camino que estamos recorriendo: si seguimos así, lo que no esté prohibido terminará siendo obligatorio. Cada paso nos aleja más de la sensatez, de esa capacidad de pensar por nosotros mismos, de cuestionar sin miedo. Todo se reduce a elegir entre bandos, a alinearse con una agenda o ser señalado. Pero la sensatez no está en seguir ciegamente ni en rebelarse por rebeldía. Está en recuperar el pensamiento crítico, en preguntarnos siempre: ¿esto es verdad o solo es lo que alguien quiere que crea? Solo con esa claridad podremos volver a un mundo donde las ideas no nos controlen, sino que nosotros las moldeemos.
Descubre más desde Hauschildt
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.