Por qué los niños se enganchan a los videos absurdos que parecen pudrir el cerebro

Imagina un video de un tiburón con zapatillas bailando al ritmo de una canción sin sentido, o un cocodrilo volador amenazando con lanzar bombas. Suena ridículo, casi perturbador, pero estos clips «brainrot» —llenos de colores chillones, ruidos estridentes y cero lógica— se han convertido en el imán irresistible para los más pequeños. Plataformas como YouTube y TikTok los empujan sin parar gracias al autoplay, y los niños, con su curiosidad insaciable por lo nuevo, caen en la trampa. La pregunta que surge es inevitable: ¿qué hay detrás de esta adicción que parece robarles el tiempo sin dar nada a cambio?

Por qué los niños se enganchan a los videos absurdos que parecen pudrir el cerebro

La clave está en cómo funcionan sus mentes en desarrollo. Según la psicóloga del desarrollo Ebru Ger, de la Universidad de Berna, estos videos explotan reacciones automáticas del cerebro: flashes rápidos y sonidos intensos capturan la atención como un imán, sobre todo en niños menores de seis años, cuya capacidad para ignorar distracciones aún no está afinada. No es que les encanten de verdad; estudios muestran que prefieren cuentos con hilo lógico, y hasta se quejan si algo no encaja. Pero una vez que entran en el bucle —un clip tras otro, sin pausas—, es difícil salir. Los padres, a menudo, los usan como niñera digital, y el algoritmo hace el resto. ¿Es justo culpar solo a los niños por no desconectarse?

Lo preocupante no es solo el vacío de estos contenidos, sino lo que desplazan. Mientras los peques se pierden en loops sin fin, se reduce el espacio para jugar al aire libre, charlar con amigos o simplemente imaginar sin pantallas. Hay impactos a corto plazo, como una atención más dispersa o dificultades para manejar emociones, aunque afortunadamente reversible con menos exposición. Ejemplos como una bailarina bebiendo de la cabeza-taza de una amiga llorosa o chistes de mal gusto sobre conflictos reales muestran cómo lo grotesco se normaliza. Ger lo dice claro: el verdadero riesgo es esa oportunidad perdida para crecer de forma plena. ¿Y si, en lugar de dejarlos solos con el dispositivo, los acompañamos para elegir mejor? Reflexionar sobre esto podría cambiar cómo navegamos este mundo hiperconectado.


Descubre más desde Hauschildt

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar