El contrabando chino sacude el puerto de Piräus y pone en jaque a Europa

Imagina miles de contenedores llegando de China, cargados de ropa, zapatos y bicicletas eléctricas que prometen revolucionar las calles europeas. Pero detrás de esa fachada hay un negocio turbio: falsos documentos que declaran solo el 10-15% del valor real, evadiendo aranceles y impuestos por cientos de millones. Eso es lo que destapó la mayor redada de la historia de la Unión Europea en el puerto griego de Piräus, a finales de junio. Agentes incautaron más de 2.400 contenedores por valor de 250 millones de euros, y el fraude acumulado en ocho años podría superar los 800 millones. No es un golpe de suerte; es el resultado de redes criminales chinas que han pulido este esquema durante años, con complicidades locales que incluyen hasta funcionarios aduaneros.

El contrabando chino sacude el puerto de Piräus y pone en jaque a Europa

Lo que empezó como un caso aislado en Piräus revela un patrón preocupante. Esta operación, bautizada Calypso, ha desmantelado similares en Países Bajos con estafas de e-bikes, en Italia con fraudes fiscales masivos y en Alemania con redes de importación disfrazadas. Expertos como Jens Bastian, de la Fundación Ciencia y Política, lo llaman un «betrugsmuster sistemático»: la pasividad griega durante la crisis de deuda fomentó una cultura de «bienvenida» a los inversores chinos, ignorando señales obvias. Y ahí radica el problema mayor: el puerto de Piräus, joya logística del Mediterráneo, está en manos mayoritarias del gigante estatal Cosco Shipping, que controla el 67% desde 2021. ¿Casualidad que el flujo de contenedores se manipule con tanta facilidad cuando el dueño no es europeo?

Europa se benefició de ese capital chino para modernizar puertos sureños, parte de la ambiciosa Iniciativa de la Franja y la Ruta. Hoy, 30 terminales en la UE tienen participación china, desde minoritarias en Zeebrugge hasta mayoritarias en Hamburgo. Pero esa dependencia crea grietas: en tiempos de tensiones geopolíticas, ¿quién garantiza que los controles aduaneros no se relajen? La Comisión Europea ya impulsa revisiones más duras a inversiones extranjeras, pero acciones como esta redada muestran que las palabras no bastan. Seis personas enfrentan cargos, y las ganancias fluyeron de vuelta a China, dejando a la UE con pérdidas y dudas. ¿Debería Bruselas exigir transparencia total a Cosco o incluso revocar licencias si no cooperan? ¿O seguimos apostando por el corto plazo, ignorando cómo estos «socios» erosionan nuestra soberanía logística?

Este caso no es solo números en una hoja de cálculo; es un recordatorio de que el comercio global tiene un lado oscuro. Si no fortalecemos la vigilancia compartida y cuestionamos cada inversión con ojo crítico, los próximos contenedores podrían traer más que mercancía barata: riesgos que nos cuesten caro a todos.


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