Roy Adams, uno de los fundadores del fondo estadounidense Metronuclear, ha soltado una bomba en el mundo del deporte: si el equipo directivo de Puma no logra dar la vuelta a la tortilla, lo mejor sería fusionarse con su eterno rival, Adidas. Lo dijo sin rodeos en una entrevista con Handelsblatt, y no es para menos, porque la situación en la empresa alemana pinta complicada.

Antes de lanzarse a ese paso tan drástico, Adams aconseja que el recién llegado Arthur Höld, el nuevo jefe de Puma, se ponga las pilas para recortar gastos y revitalizar la marca. No es un mal plan sobre el papel, pero hay que preguntarse si basta con eso en un mercado donde la competencia aprieta y los consumidores cambian de gustos más rápido que de zapatillas. Puma ha perdido más del 80% de su valor en bolsa en solo dos años, un batacazo que deja a cualquiera con la mosca detrás de la oreja.
¿Y si la fusión no resuelve nada? Podría crear un gigante que domine el sector, pero también riesgos de monopolio o despidos masivos. Es el momento de que inversores y directivos piensen más allá de los números: ¿priorizan el corto plazo o una estrategia que realmente impulse la innovación en el deporte?
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