La marca de zapatillas On, con sede en Zúrich, está en el centro de la polémica por estampar la cruz suiza en sus productos fabricados en Asia. La asociación Swiss Enforcement ha denunciado a la empresa ante las autoridades chinas, intensificando un debate que lleva años activo sobre el uso del símbolo nacional. ¿Cuándo puede una empresa suiza usar la cruz suiza? La respuesta no es tan simple como parece.

Según el experto en marketing Felix Murbach, todo depende de la producción: al menos el 60% de los costes de fabricación deben originarse en Suiza para que una empresa pueda usar la cruz suiza en rojo y blanco. Marcas como Kambly, con su panadería en Trubschachen, o Rausch, que produce chocolate en Kreuzlingen, cumplen este requisito. Lo mismo ocurre con los relojes de Swatch o Tissot, fabricados en Suiza. Sin embargo, On produce la mayoría de sus zapatillas en Asia, lo que ha generado acusaciones de “Swisswashing”, un término que critica el uso engañoso del prestigio suizo.
La cruz suiza no es solo un emblema: es un sello de calidad, precisión y confianza que otorga una ventaja competitiva. Por eso, marcas como Victorinox la usan en sus navajas fabricadas en Suiza, pero evitan ponerla en productos como maletas hechas en China, optando por una cruz en blanco y negro. Sigg, por su parte, solo coloca la cruz roja en las botellas de aluminio fabricadas en Frauenfeld, mientras que sus productos hechos en el extranjero no la llevan. Strellson, otra marca suiza, modifica el diseño de la cruz para eludir estas restricciones, ya que su ropa no se produce en Suiza.
El problema se complica porque la legislación suiza no puede controlar el uso de la cruz en el extranjero, donde aparece en productos como cosméticos o quesos sin ninguna conexión con Suiza. En cambio, dentro del país, las normas son estrictas, y On se expone a sanciones legales y a dañar su reputación. Cambiar el color del fondo de la cruz podría aliviar la situación, pero transformar la bandera cuadrada en rectangular no es suficiente: las reglas siguen siendo las mismas.
Las autoridades suizas, encargadas de proteger el sello “Swiss Made”, deberían ser más estrictas para evitar que empresas como On exploten la cruz sin cumplir los requisitos. Su falta de acción podría debilitar un símbolo que representa calidad y confianza a nivel mundial.
Este caso trasciende a On. Si la cruz suiza pierde credibilidad, los consumidores podrían desconfiar de los productos que la llevan, afectando a marcas que sí respetan las normas. Además, este debate pone en cuestión la transparencia en un mercado global donde la autenticidad es cada vez más valorada. ¿Merece la pena arriesgar la reputación por un símbolo? On tiene una decisión complicada por delante.
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