El mundo del transporte y la logística atraviesa un momento complicado. La incertidumbre política, especialmente por las políticas comerciales de Estados Unidos, ha golpeado con fuerza a un sector clave para la economía global. Con el 80 % del comercio mundial moviéndose por mar, cualquier alteración en las rutas comerciales o en las políticas aduaneras tiene un impacto directo en las empresas logísticas y, por extensión, en la economía mundial. Gigantes como Kühne+Nagel, UPS, DHL, Maersk y Hapag-Lloyd enfrentan retos que han llevado sus acciones a mínimos de varios años. ¿Es momento de invertir o de mantenerse al margen?

Empresas como Kühne+Nagel, con sede en Suiza, han visto caer sus acciones un 38 % en el último año, cotizando a 164 francos suizos, lejos de su máximo de 319,40 en 2021. A pesar de un aumento del 15 % en sus ingresos en el primer trimestre de 2025, su margen operativo del 19 % está por debajo de lo esperado. La danesa DSV, que se convirtió en el mayor transportista global tras comprar DB Schenker, mantiene un panorama más optimista, con un 16 % de subida en sus acciones en el último año, aunque no está exenta de riesgos por la integración de esta adquisición. Por su parte, UPS, el mayor servicio de paquetería del mundo, ha tocado un mínimo de cinco años, con una caída del 30 % en 2025, afectada por las restricciones aduaneras de EE. UU. que redujeron el volumen de paquetes. DHL, aunque más resistente, no escapa a las turbulencias del comercio global, y Maersk, beneficiada por altas tarifas de flete, enfrenta el riesgo de una futura sobrecapacidad en el sector marítimo. Hapag-Lloyd, por su parte, sufre un desplome de beneficios del 66 %, lastrada por la inestabilidad en rutas clave como el mar Rojo.
La geopolítica, con conflictos en zonas estratégicas y cambios en las políticas comerciales, está detrás de gran parte de estos problemas. Las decisiones de gobiernos, como los aranceles impulsados por la administración Trump, han generado incertidumbre que frena las inversiones y complica la planificación de las empresas. Los gestores de estas compañías, aunque intentan adaptarse con flexibilidad, no siempre logran contrarrestar el impacto de factores externos impredecibles. Las autoridades, por su parte, deberían priorizar políticas que estabilicen el comercio global, en lugar de alimentar tensiones que afectan a toda la cadena de suministro.
Las consecuencias de esta situación van más allá de las bolsas de valores. Si las empresas logísticas no pueden operar con eficiencia, los precios de bienes esenciales, desde alimentos hasta tecnología, podrían subir, afectando especialmente a los consumidores de a pie. Además, la presión por adoptar soluciones de transporte más sostenibles choca con la necesidad de mantener márgenes de beneficio en un contexto de inestabilidad. Para los ciudadanos, esto podría traducirse en productos más caros y retrasos en las entregas, mientras que las empresas más pequeñas, dependientes de la logística global, podrían enfrentarse a problemas de supervivencia.
La pregunta para los inversores es si estas caídas representan una oportunidad o un riesgo demasiado grande. Empresas como DSV y DHL muestran fortaleza a largo plazo, pero la incertidumbre política y la volatilidad del sector sugieren cautela. Antes de invertir, es crucial analizar no solo los números, sino también el contexto global que define el futuro de estas empresas. La lección es clara: en un mundo interconectado, las decisiones políticas de unos pocos pueden sacudir la economía de todos.
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