Dinamarca podría estar más protegida frente a las turbulencias globales si adoptara el euro, según Christian Kettel Thomsen, gobernador del banco central danés. En una reciente entrevista con Bloomberg TV, Thomsen destacó que la corona danesa ya está estrechamente vinculada al euro, lo que convierte al país, en términos prácticos, en un miembro de facto de la eurozona. Sin embargo, unirse oficialmente permitiría a Dinamarca participar activamente en las decisiones de la Unión Europea y fortalecer su integración regional.

Thomsen subrayó que la cuestión no es solo económica, sino también política. «¿Queremos una Dinamarca más integrada en Europa?», planteó. Aunque el país forma parte de la UE, su ausencia en la eurozona lo deja sin voz en las decisiones monetarias clave que toma el Banco Central Europeo en Frankfurt. La corona se mantiene estable frente al euro con un margen del 2,25 %, pero esto implica que Dinamarca sigue las políticas monetarias de la eurozona sin influir en ellas.
A diferencia de países como Bulgaria, que se unirá al euro en 2026, o Rumania, que aspira a hacerlo, Dinamarca mantiene una postura cauta. Desde 1992, gracias a una exención ratificada en un referéndum en 2000, los daneses han evitado adoptar la moneda común. La sociedad, según encuestas, respalda mayoritariamente esta decisión, y los gobiernos han preferido no reabrir el debate. Thomsen, no obstante, sugirió que en un mundo cada vez más incierto, unirse al euro podría ofrecer mayor seguridad a un país pequeño como Dinamarca.
La responsabilidad de abordar esta cuestión recae en los líderes políticos, que hasta ahora han esquivado un debate que podría ser divisivo. La reticencia a plantear un nuevo referéndum refleja el temor a una reacción negativa del electorado, pero también una falta de valentía para liderar un cambio que podría beneficiar al país a largo plazo.
Adoptar el euro podría estabilizar aún más la economía danesa y atraer inversiones al reforzar su integración en la UE. Sin embargo, también implicaría ceder el control total sobre la política monetaria, algo que preocupa a muchos ciudadanos. Además, un cambio así podría generar tensiones sociales si no se gestiona con transparencia y un diálogo claro. La pregunta es si Dinamarca está dispuesta a priorizar la seguridad económica y la influencia en Europa frente a su tradición de autonomía monetaria. La decisión, como señala Thomsen, no es solo técnica, sino profundamente política, y exige un liderazgo que no tema enfrentar las dudas de una sociedad escéptica.
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