En los últimos años, las plataformas de streaming se han convertido en un escaparate global donde cualquiera puede buscar fama, pero a veces el precio es demasiado alto. El fenómeno del «trash streaming» está en auge: creadores de contenido que, en busca de clics y atención, realizan acciones peligrosas o directamente irresponsables en directo. Desde escalar edificios sin protección hasta provocar accidentes para generar impacto, estas prácticas no solo ponen en riesgo sus vidas, sino que también normalizan comportamientos temerarios ante millones de espectadores.

El caso más reciente que ha sacudido las redes ocurrió esta semana, cuando un streamer conocido por sus retos extremos sufrió un accidente grave al intentar cruzar una autopista con los ojos vendados. La grabación, que se viralizó en cuestión de horas, dejó imágenes impactantes que han reavivado el debate sobre los límites de estas plataformas. ¿Qué lleva a alguien a jugarse la vida por un puñado de «me gusta»? La respuesta está en un sistema que premia la espectacularidad por encima de la seguridad. Los algoritmos de las plataformas están diseñados para destacar lo que genera más interacción, sin importar si el contenido es ético o peligroso.
Las consecuencias de este tipo de prácticas van más allá de los propios creadores. Los espectadores, especialmente los más jóvenes, pueden llegar a imitar estas conductas, creyendo que son una vía rápida hacia la popularidad. Además, el consumo masivo de este contenido desensibiliza a la audiencia, que termina viendo el peligro como un entretenimiento más. La falta de regulación clara en las plataformas agrava el problema, ya que no existen filtros efectivos para frenar la difusión de este tipo de vídeos antes de que se hagan virales.
La responsabilidad no recae solo en los creadores. Las plataformas de streaming, que ganan millones gracias a la publicidad que acompaña estos contenidos, tienen un papel clave. Hasta ahora, sus medidas para controlar el «trash streaming» han sido tibias, más centradas en apagar fuegos tras la polémica que en prevenir tragedias. Los gobiernos también deberían actuar, estableciendo normas más estrictas sobre qué se puede emitir en directo. Si no se toman medidas, el impacto en la sociedad podría ser devastador: desde el aumento de accidentes inspirados por estos retos hasta una cultura que trivializa el riesgo. Es hora de preguntarnos qué tipo de contenido queremos amplificar y qué mensaje estamos enviando a las próximas generaciones.
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