Extrema izquierda, la mayor amenaza terrorista en Europa según Europol

Un informe reciente de Europol ha puesto sobre la mesa una realidad inquietante: los grupos de extrema izquierda y anarquistas son hoy la principal amenaza terrorista en Europa, superando incluso al yihadismo. En 2023, de los 120 atentados registrados en la Unión Europea, 98 se llevaron a cabo, y 32 fueron obra de estas organizaciones, especialmente en Italia. Los números hablan por sí solos: frente a los cinco ataques yihadistas consumados, los grupos de extrema izquierda ejecutaron 23, dirigidos principalmente contra infraestructuras, empresas y fuerzas de seguridad.

Extrema izquierda, la mayor amenaza terrorista en Europa según Europol

Estos colectivos operan de forma coordinada, con redes descentralizadas que cruzan fronteras y se apoyan en campañas de solidaridad, como la que motivó una oleada de violencia en apoyo a un anarquista encarcelado en Italia. Sus tácticas incluyen incendios, explosiones y sabotajes, que, aunque no dejaron víctimas mortales, causaron daños significativos. Mientras tanto, el informe destaca que la extrema derecha no consumó ningún ataque en 2023, con solo dos intentos frustrados en Luxemburgo y Francia.

Lo que preocupa no es solo la cantidad de ataques, sino la capacidad de estos grupos para organizarse y difundir su mensaje. Su estructura flexible y su narrativa de resistencia los hacen difíciles de desarticular. Europol advierte que esta amenaza sigue activa, especialmente en el sur de Europa, donde la actividad de estos grupos es más intensa.

La pregunta que surge es por qué las autoridades europeas no han logrado frenar este auge de la violencia de extrema izquierda. La falta de una respuesta contundente podría estar alimentando su audacia, permitiendo que estas redes ganen terreno. Los gobiernos y las fuerzas de seguridad deben reforzar su vigilancia y cooperación para desmantelar estas estructuras antes de que escalen aún más.

Las consecuencias de esta tendencia son claras: más allá de los daños materiales, la sensación de inseguridad puede erosionar la confianza en las instituciones. Si los ciudadanos perciben que las autoridades no controlan estas amenazas, el descontento social podría crecer, abriendo la puerta a polarizaciones más profundas. Es hora de que Europa tome nota y actúe con firmeza para proteger la estabilidad y la seguridad de sus sociedades.


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