Cuando salimos a comer, confiamos en que los restaurantes nos ofrecerán comida fresca y bien preparada. Sin embargo, una dueña de restaurante ha compartido en 20minutos.es algunos consejos que nos hacen replantearnos qué pedimos. Según su experiencia, ciertos platos o elementos del menú pueden esconder riesgos para nuestra salud o simplemente no valer la pena. Su advertencia pone el foco en prácticas comunes en la hostelería que los comensales rara vez consideran.

Uno de los puntos más llamativos es evitar las sugerencias fuera de carta. Aunque suenan exclusivas, estas recomendaciones a veces sirven para deshacerse de ingredientes que están a punto de caducar. No significa que todos los restaurantes actúen con mala fe, pero es una práctica lo bastante común como para desconfiar. Por ejemplo, un plato “especial del día” podría ser una forma de usar sobras de la semana, algo que compromete la frescura y, en el peor de los casos, la seguridad alimentaria.
Otro consejo clave es tener cuidado con el hielo en las bebidas, especialmente en bares. El hielo puede ser una fuente de bacterias si las máquinas no se limpian adecuadamente o si el agua utilizada no es de calidad. Esto es preocupante en establecimientos con mucho volumen de clientes, donde la higiene puede descuidarse. La dueña también sugiere evitar platos con ingredientes que requieren una manipulación muy estricta, como mariscos crudos, si no estás en un lugar especializado con buena reputación.
Lo que revela esta experta no es solo una cuestión de gustos, sino de responsabilidad. Los dueños y gerentes de restaurantes tienen la obligación de garantizar que sus cocinas cumplan con estándares de higiene y calidad. Si priorizan el ahorro por encima de la seguridad, están poniendo en riesgo a los clientes. Las autoridades sanitarias también tienen un papel crucial: las inspecciones deben ser rigurosas y frecuentes para evitar que prácticas como el uso de ingredientes dudosos o la falta de limpieza se normalicen.
Las consecuencias de ignorar estos consejos pueden ser serias. Desde intoxicaciones alimentarias que arruinan una salida hasta problemas de salud más graves, como infecciones bacterianas, los riesgos no son menores. A nivel social, la falta de confianza en los restaurantes puede afectar a todo el sector, especialmente a los negocios pequeños que sí se esfuerzan por ofrecer calidad. Por eso, como comensales, debemos ser más críticos: preguntar de dónde vienen los ingredientes, observar la limpieza del local y, si algo no nos convence, optar por otro lugar. Al final, elegir bien no solo protege nuestra salud, sino que también premia a quienes hacen las cosas correctamente.
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