Bienvenidos a YouTube Universidad 2.0, ese campus global donde la matrícula es gratis, los pasillos son la barra lateral de recomendaciones y los profesores no necesitan más credencial que un aro de luz y un canal activo.

Aquí puedes aprender a dirigir empresas de la mano de alguien que jamás ha administrado ni un puesto de limonada. Te enseñarán a ganar juicios quienes nunca han pisado un juzgado, y a invertir tu dinero gracias a un gurú que nunca ha invertido más de 5 euros en criptomonedas. Todo, eso sí, con voz solemne y gráficos llenos de flechas rojas para demostrar que el conocimiento es real… o al menos, convincente.
Lo curioso es que este fenómeno no es tan nuevo como parece. Antes de YouTube, ya existía la “Universidad 1.0”: tampoco estaba libre de profesores ilustrados sin campo de batalla. En cualquier facultad, aún hoy, puedes encontrar al catedrático de administración de empresas que nunca ha administrado nada que no sea su propio horario, o al experto en periodismo que jamás ha redactado una noticia fuera de un examen. Incluso hay docentes de derecho laboral que conocen la nómina solo como concepto teórico, igual que el youtuber conoce la empresa solo como diapositiva de PowerPoint.
La diferencia es que en la universidad tradicional hay títulos colgados en la pared, pizarras limpias y un auditorio lleno de alumnos que toman apuntes. En YouTube, hay miniaturas con caras sorprendidas, música épica y comentarios que empiezan con “bro, literal me cambiaste la vida”. Pero en el fondo, ambos mundos comparten algo: el arte milenario de dar cátedra sin haber vivido lo que se predica.
Así, YouTube Universidad 2.0 no es una revolución, sino una extensión de una vieja costumbre: hablar con autoridad sobre aquello que solo se conoce en teoría. La única diferencia es el formato… y que aquí puedes aprender administración de empresas, cocina molecular y cómo domar un dragón, todo en la misma tarde.
Matrículas abiertas todo el año. Cupos ilimitados. Requisitos: wifi estable, un café a mano y la fe absoluta de que el que habla sabe de lo que habla.
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