Microsoft ha publicado recientemente un estudio, basado en más de 200 000 interacciones reales entre usuarios y su herramienta Copilot, en el que establece un índice de «aplicabilidad de la IA» para diferentes profesiones. Esta métrica no mide despido inminente, sino la capacidad de la IA para asumir tareas específicas dentro de un empleo.

Profesiones en mayor riesgo
En presencia de la IA, los empleos más vulnerables son aquellos centrados en el lenguaje, la comunicación y las tareas repetitivas:
- Intérpretes y traductores
- Historiadores
- Escritores, autores y redactores técnicos
- Representantes de atención al cliente y teleoperadores
- Agentes de viajes y ventas de servicios
- Operadores telefónicos y empleados de mostrador
- Locutores de radio y periodistas
- Administrativos financieros o asesores personales.
Estas profesiones dependen en gran medida de textos o diálogos estructurados, un terreno en el que los modelos generativos como GPT o Copilot ya destacan.
Empleos poco expuestos
Por otro lado, los trabajos que requieren presencia física, habilidades manuales complejas o interacción humana directa son los menos automatizables. Entre ellos se encuentran:
- Auxiliares de enfermería y masajistas
- Operarios de maquinaria pesada, techadores, conductores o limpiadores
- Técnicos de reparación especializados, lavaplatos o personal de mantenimiento.
Panorama en España
Adicionalmente, un estudio de Randstad Research prevé que en España podrían perderse hasta 400 000 empleos netos en los próximos nueve años como consecuencia del avance de la IA, especialmente en sectores administrativos, atención al cliente y traducción.
Este análisis es una llamada de atención clara: la IA no eliminará trabajos de forma atropellada, sino que tenderá a hacerse cargo de tareas específicas y repetitivas dentro de empleos de oficina o comunicación. Pero mi opinión es que el temor no debe ser paralizante. En lugar de eso, puede convertirse en un poderoso incentivo para la recalificación profesional.
La IA puede ser una herramienta aliada si se aprende a utilizarla estratégicamente. Por ejemplo, un redactor que sepa trabajar con prompts de IA puede mejorar su productividad, enfocar su creatividad y ofrecer resultados diferenciados. Asimismo, sectores como la educación, las humanidades, la sanidad y ciertos oficios manuales pueden constituir refugios laborales con menor exposición al riesgo automático.
La clave está en adaptarse: quien invierta en formación continua y desarrolle competencias sociales, creativas o técnicas difíciles de sustituir, estará en una posición mucho más sólida frente a la transformación digital.
El informe de Microsoft ofrece un mapa muy útil de qué profesiones están más o menos expuestas a la automatización por IA. Aunque puede generar inquietud, también abre una oportunidad: repensar nuestra trayectoria profesional hacia áreas donde la automatización tenga un impacto limitado o sea un complemento —no un reemplazo—. Adaptarse a esta nueva era no es opcional, sino una estrategia de supervivencia laboral.
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