El Truco y el “Che”

El Truco es un juego de cartas profundamente arraigado en la cultura popular argentina. Con reglas que combinan estrategia, picardía y una buena dosis de actuación, se juega en bares, reuniones familiares, sobremesas y hasta en las universidades. Lo curioso es que su origen no es exclusivamente argentino: el Truco proviene de Valencia, España, donde se jugaba una versión más rudimentaria conocida como «truc». Sin embargo, mientras en la Comunidad Valenciana el juego se ha ido desvaneciendo en el tiempo, en Argentina floreció hasta convertirse en una parte fundamental del ADN cultural.

El Truco y el “Che”

En Valencia, es posible vivir toda una vida sin cruzarse jamás con una partida de truc. El juego sobrevive, si acaso, en pequeños círculos o como una rareza del pasado. En cambio, en Argentina, basta pasar unas pocas horas en cualquier rincón del país para ver a alguien jugando al Truco o escucharlo nombrar con pasión. Los argentinos no solo adoptaron el juego: lo transformaron, lo reinventaron y lo hicieron suyo para siempre. Hoy, nadie dudaría que el Truco es tan argentino como el mate o el asado.

Algo similar sucede con la palabra “che”, una interjección omnipresente en el habla coloquial argentina. “Che” sirve para llamar la atención, expresar sorpresa o simplemente para dirigirse a alguien, como en “che, ¿cómo estás?” o “che, mirá esto”. Lo interesante es que esta palabra también tiene origen valenciano. En la región de Valencia, “xe” (pronunciado casi igual que “che”) es una expresión usada para denotar asombro o enfado, aunque su uso es mucho más limitado y hoy en día no todos los valencianos la emplean cotidianamente. De hecho, en Valencia uno puede pasar años sin escuchar un solo “xe”.

Pero en Argentina, “che” es omnipresente. Está en todas partes: en la calle, en la televisión, en el cine, en la literatura y, por supuesto, en la conversación diaria. Los argentinos la han convertido en un símbolo identitario, al punto de que uno de los personajes más conocidos de su historia, Ernesto “Che” Guevara, fue apodado precisamente por su uso frecuente de la expresión. Es imposible pasar un día en Argentina sin oírla repetida decenas, cientos o incluso miles de veces.

Este fenómeno no es exclusivo del Truco ni del “che”. Hay algo en la identidad argentina que sabe tomar lo ajeno y convertirlo en propio, con tanta intensidad que el origen extranjero se vuelve una nota al pie. Ocurre como con los tallarines: aunque su invención se remonta probablemente a la antigua China, hoy nadie duda que los tallarines son italianos. De la misma manera, aunque el Truco y el “che” nacieron en tierras valencianas, hoy son, sin lugar a dudas, argentinos.

En definitiva, la cultura argentina se nutre de muchas raíces, pero florece con estilo propio. El Truco y el “che” son ejemplos claros de cómo algo puede viajar miles de kilómetros y encontrar una nueva vida, más intensa, más vibrante y, sobre todo, más cotidiana. Porque si vas a Valencia, es probable que nunca veas una partida de truc ni escuches un “xe”; pero si vas a Argentina, aunque sea por un solo día, no vas a dejar de ver una ronda de Truco ni de escuchar un incontable número de veces el infaltable “che”.


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