El salmorejo con hierbabuena

El salmorejo es uno de los platos más emblemáticos de la gastronomía andaluza. Cremoso, fresco y lleno de sabor, su base es sencilla: tomate maduro, pan, aceite de oliva virgen extra, ajo y sal. Tradicionalmente se sirve frío, coronado con huevo duro picado y taquitos de jamón crudo o serrano, lo que le aporta un contraste perfecto entre la suavidad de la crema y el toque salado y firme de sus acompañantes. Pero, ¿y si le damos un giro inesperado y refrescante?

El salmorejo con hierbabuena

Aquí es donde entra en juego la hierbabuena, ese ingrediente aromático que suele asociarse más con postres, tés o platos árabes, pero que encuentra un lugar sorprendente en esta receta. Añadir hierbabuena —ya sea fresca o incluso en su versión seca de bote— le aporta al salmorejo un matiz refrescante y herbal que realza aún más el dulzor del tomate y equilibra el conjunto con un toque original.

La clave está en no pasarse: unas hojas picadas finamente por encima al servir, o una pizca si es seca, bastan para que su aroma se libere y transforme el plato. Esta variante es ideal para los meses de más calor, cuando buscamos sabores más vivos y frescos. También puede ser una excelente forma de sorprender a invitados con una presentación algo distinta del clásico salmorejo.

Probar el salmorejo con hierbabuena es abrirse a una combinación sencilla pero deliciosa. No sustituye a la receta tradicional, sino que la complementa con un aire renovado. Anímate a prepararlo así la próxima vez: puede que descubras una nueva forma de disfrutar de este clásico veraniego.


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