¿Cuál es el mejor coche?

Pocas cosas despiertan tantas pasiones en una conversación informal como hablar de coches. En el ambiente relajado de un bar, donde los ánimos suben a medida que bajan las cervezas, surge inevitablemente la pregunta: ¿Cuál es el mejor coche? Y aunque la respuesta pueda parecer compleja, en realidad es más simple de lo que parece. El mejor coche es aquel que uno se puede permitir sin endeudarse, sin acudir a préstamos bancarios ni hipotecar la tranquilidad financiera. Es decir, el que nos lleve y nos traiga sin meternos en problemas.

Sin embargo, cuando este tema se pone sobre la mesa entre amigos o conocidos, las cosas rara vez se mantienen en ese terreno sensato. En nuestro afán de opinar, debatir y, por qué no, tener la razón, solemos desvariar bastante. Lo tomamos como algo personal, como si hablar mal de un modelo fuera hablar mal de nuestras decisiones, de nuestro esfuerzo o incluso de nuestra dignidad.

Uno de los errores más comunes en estas discusiones es comparar coches que no juegan en la misma liga. No tiene sentido enfrentar un superdeportivo con un compacto urbano, ni poner en la misma balanza un coche de alta gama con uno de gama baja. Pero eso no impide que lo hagamos. Y es ahí donde empiezan los roces. La persona que, después de mucho esfuerzo, se ha comprado un coche de segunda mano y gama baja se siente atacada cuando alguien menosprecia su vehículo. Y tiene toda la razón en enfadarse. Porque su coche no es solo un medio de transporte: es el fruto de su trabajo.

Del otro lado, también se indigna el que ha invertido una fortuna en un coche de alta gama. Porque, desde su perspectiva, no es justo que le digan que «todos los coches son iguales» o que el suyo no vale lo que cuesta. Sobre todo si el interlocutor nunca ha conducido algo similar. Ambos tienen razón desde su propio punto de vista.

En el fondo, esta discusión tan recurrente nos recuerda algo esencial: el mejor coche no es el más caro, ni el más rápido, ni el más moderno. El mejor coche es el que podemos pagar sin arruinarnos, el que nos hace la vida más fácil, el que cumple su función sin convertirse en una carga. Todo lo demás es, como suele pasar en los bares, conversación y ego.


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