En el mundo de la cerveza, pocas bebidas híbridas tienen una historia tan simple y refrescante como la Radler. Nacida en Alemania, la Radler fue concebida como una bebida ligera y revitalizante para ciclistas —de ahí su nombre, que literalmente significa «ciclista» en alemán—. Su fórmula era tan directa como efectiva: mitad cerveza, mitad limonada con gas. Nada de zumo exprimido, ni esencias, ni artificios. Solo cerveza y una limonada burbujeante, comúnmente del estilo de un refresco tipo Sprite o 7Up. El resultado: una bebida de baja graduación alcohólica, perfecta para calmar la sed sin sacrificar sabor.

La transformación comercial: Radler de lata y de laboratorio
Sin embargo, al salir de las fronteras germanas, esta bebida ha sido objeto de una profunda transformación a manos de la industria cervecera, especialmente en países como España, Italia o Francia. Marcas multinacionales como Heineken, Amstel, San Miguel o Birra Moretti han adoptado el nombre Radler para lanzar productos que poco tienen que ver con la mezcla original. La mayoría de estas versiones utilizan cerveza mezclada con zumo de limón (a veces natural, a veces concentrado o aromatizado), edulcorantes, estabilizantes y, en algunos casos, incluso sin rastro de la clásica limonada con gas.
Aunque no dejan de ser refrescantes y populares en verano, estas bebidas representan una desvirtuación del concepto original. El uso indiscriminado del término «Radler» ha llevado a la confusión entre consumidores, quienes creen estar bebiendo una bebida tradicional alemana, cuando en realidad están consumiendo un cóctel diseñado por el departamento de marketing de una gran empresa.
Otras mezclas tradicionales de cerveza en Alemania
Alemania, país de inmensa riqueza cervecera, ha desarrollado a lo largo de los años otras mezclas populares además de la Radler:
- Spezi o Diesel: mezcla de cerveza con cola (Pepsi o Coca-Cola). También llamada Colabier.
- Russ’n Maß (Russ): cerveza de trigo (Weißbier) con limonada. Similar a la Radler pero con otra base cervecera.
- Bananenweizen: Weißbier con zumo de plátano. Dulce y denso, muy apreciado por quienes prefieren sabores frutales.
- Krefelder o Potsdamer: mezcla de cerveza con refresco de naranja, como Fanta.
- Cola-Weizen: cerveza de trigo con cola, otra variante muy habitual en el sur del país.
Estas mezclas no solo muestran la creatividad de los alemanes en el consumo de cerveza, sino también una tradición viva de experimentar sin renunciar a la honestidad de los ingredientes.
Un llamado al respeto por los nombres tradicionales
En este contexto, resulta problemático que el nombre Radler se haya convertido en una etiqueta vacía utilizada para describir cualquier bebida que mezcle cerveza con algo “refrescante”. Esta apropiación comercial ha borrado, en muchos casos, la historia y el estilo original de la bebida. De forma similar a como ocurriría si se empezara a llamar «Margarita» a cualquier cóctel con tequila y fruta, permitir que el término Radler se diluya en cada supermercado supone una pérdida cultural y gastronómica.
Por ello, sería deseable que tanto los consumidores como las marcas respetaran la autenticidad de este tipo de preparaciones. Llamar Radler a una cerveza con zumo de limón puede parecer una adaptación inofensiva, pero en realidad es una forma más de cómo la globalización borra matices culturales en favor de una homogeneización conveniente para la industria.
La Radler auténtica, como muchas otras bebidas tradicionales, merece ser reconocida y diferenciada. Si se desea lanzar nuevos productos, que se hagan, pero que reciban nombres distintos y no se apoyen en la herencia cultural de otras naciones para ganar prestigio o ventas. Porque al final, lo que se pierde no es solo un nombre, sino una parte de la historia cervecera europea.
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