En medio de una marea humana que levanta el brazo en el temido saludo nazi, una figura solitaria destaca. No grita. No aplaude. No rinde homenaje. Solo cruza los brazos, desafiante, silencioso, firme. Esta imagen, que ha circulado ampliamente por internet, no solo es una fotografía poderosa, sino también una historia profundamente humana.

¿Quién era el hombre que no saludó?
Ese hombre fue identificado como August Landmesser, un obrero alemán cuya historia personal y política lo llevó a rechazar públicamente el régimen nazi en uno de los momentos más oscuros del siglo XX.
La fotografía fue tomada el 13 de junio de 1936 en Hamburgo, durante la botadura del buque de guerra Horst Wessel. Mientras todos a su alrededor realizan el saludo nazi, Landmesser permanece inmóvil, con los brazos cruzados sobre el pecho, como una roca en el mar del conformismo.
De miembro del partido a opositor por amor
August Landmesser había ingresado al Partido Nazi en 1931, probablemente en busca de oportunidades laborales. Pero su vida cambió radicalmente cuando se enamoró de Irma Eckler, una mujer judía. En 1935 intentaron casarse, pero las leyes raciales del régimen nazi se lo impidieron. A partir de ese momento, Landmesser se convirtió en un objetivo del Estado.
Fue expulsado del partido y, tras persistir en su relación y tener dos hijas con Irma, fue arrestado y condenado por «deshonrar a la raza». Irma fue detenida por la Gestapo y enviada a un campo de concentración, donde murió. August fue obligado a realizar trabajos forzados y finalmente desapareció en 1944 durante una misión militar.
El poder de un gesto
La fotografía donde aparece Landmesser fue descubierta décadas después y se ha convertido en un símbolo universal de resistencia moral. En un contexto donde la obediencia ciega era la norma y el miedo dominaba cada rincón de la vida pública, su negativa a saludar no fue solo un gesto: fue un acto de rebelión.
Ese «saludo romano» —el brazo extendido con la palma hacia abajo— fue utilizado por los regímenes fascistas en Italia y Alemania como muestra de sumisión al líder. Aunque se le atribuye un origen clásico, en realidad fue popularizado en tiempos modernos, particularmente a través del cine y la propaganda nacionalista.
Hoy, el gesto está fuertemente asociado con el totalitarismo, la intolerancia y la violencia ideológica.
Un símbolo que trasciende el tiempo
La imagen de August Landmesser es más que una fotografía histórica. Es un recordatorio de que siempre hay margen para decir “no”, incluso cuando parece que todos dicen “sí”. En un mar de conformismo, su simple acto de cruzar los brazos nos recuerda que el coraje puede ser silencioso, pero nunca pasa desapercibido.
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