Los Tres Cerditos

A ver, ¿Quién no ha escuchado la historia de Los Tres Cerditos? Ese entrañable cuento en el que dos vagos con patas se dedican a holgazanear mientras su hermano trabaja como si tuviera hipoteca y tres hijos que alimentar. Pero, si nos fijamos bien, esta historia tiene un tufillo colectivista bastante sospechoso: los dos irresponsables acaban siendo salvados por el único que se tomó en serio la vida, a pesar de que antes se rieron en su cara. ¿Merecían ser rescatados? ¿Es esto una fábula infantil o un panfleto de la revolución porcina?

Los Tres Cerditos

¿Un Cuento Que Confunde a los Niños?

Uno de los problemas del cuento original es que puede dar a los niños un mensaje equivocado: que, incluso si no te esfuerzas y decides reírte de los que sí lo hacen, al final todo saldrá bien porque alguien vendrá a salvarte. ¡Error! La realidad no funciona así. En la vida real, el lobo no es tan generoso como para darte una segunda oportunidad. La historia, en su versión clásica, enseña más sobre la conveniencia de depender de otros que sobre la importancia de la responsabilidad individual. Y eso puede crear generaciones de cerditos que creen que la vida es un parque de atracciones donde siempre habrá un tercero que les saque del apuro.

El Esfuerzo Individual: Trabaja Tú, Que Yo Me Relajo

Nuestros tres protagonistas representan tres actitudes muy reconocibles: el primero decide que la mejor defensa ante un lobo hambriento es una cabaña hecha de pajitas de refresco; el segundo, con una visión algo más ambiciosa, elige la madera, pero sin pensar demasiado en que la madera también arde. El tercero, sin duda el primo listo de la familia, construye su casa con ladrillos porque, oh sorpresa, la vida no es una película de dibujos animados y las cosas bien hechas requieren esfuerzo.

¿La recompensa de este noble cerdito? Además de no ser devorado, tiene que abrir la puerta de su casa a sus hermanos inútiles, quienes antes de huir despavoridos se rieron de él. En la vida real, el tercer cerdito habría cambiado la cerradura y mirado por la mirilla mientras los otros dos asumían las consecuencias de su incompetencia.

El Lobo: La Cruda Realidad Vestida de Pelaje Gris

El lobo feroz en esta historia no es más que una representación del mundo real. Ese mundo en el que si no trabajas, si no te preparas, si crees que la vida es un eterno festival de la pereza… bueno, te comen. Y no porque el lobo sea malvado, sino porque esa es la ley natural. Pero, claro, en el cuento infantil se nos vende que el esfuerzo de uno puede compensar la desidia de los otros. ¿Dónde está la justicia en eso?

Si el cuento fuera un poco más realista, el lobo se habría dado un festín con los dos primeros cerditos y se habría marchado satisfecho, mientras el tercero disfrutaba de la paz y tranquilidad de su casa de ladrillo, sin tener que compartirla con nadie.

Un Final Alternativo: Sobrevivir No Es un Derecho, Es un Logro

Si en lugar de un cuento edulcorado analizamos esta historia con una perspectiva más realista, el cerdito trabajador no solo habría sobrevivido, sino que habría aprendido una valiosa lección: ayudar a los que no han hecho nada por ayudarse a sí mismos solo fomenta la pereza. En el mundo real, la supervivencia es para los preparados, no para los que esperan que los rescaten después de haberse reído de los que trabajan.

Desde esta perspectiva, Los Tres Cerditos deja de ser una historia sobre colectivismo y se convierte en un alegato en favor del esfuerzo individual. ¿Quieres una casa segura? Trabaja por ella. ¿No hiciste nada y ahora el lobo está en la puerta? Pues que te aproveche.


Aunque este cuento parece transmitir un mensaje de ayuda desinteresada, en realidad encierra una verdad incómoda: en la vida real, la pereza se paga cara. Si bien el tercer cerdito termina ayudando a sus hermanos, esto es más un alivio narrativo que una enseñanza válida para el mundo moderno. La moraleja real no es que debemos ayudar a los que no se esfuerzan, sino que aquellos que no trabajan por su propia seguridad terminan dependiendo de los que sí lo hacen. En la selva de la vida, solo los preparados sobreviven. Así que ya sabes: trabaja, prepárate y, sobre todo, no seas el cerdito de la casa de paja.


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