La arrogancia de los artistas

El mundo del espectáculo nos ha brindado grandes talentos, personas capaces de conmover con su actuación, de hacernos reír o llorar con su arte. Sin embargo, en los últimos tiempos, hemos sido testigos de un fenómeno que poco tiene que ver con la creatividad y mucho con la arrogancia: la creencia de algunos «artistas» de que su fama los convierte en autoridades absolutas sobre cualquier tema.

La arrogancia de los artistas

Estos personajes, que han logrado éxito en la música, el cine o la televisión, parecen convencidos de que su notoriedad les otorga automáticamente conocimientos sobre política, economía, medicina y cualquier otra disciplina que se les ocurra. De un día para otro, dejan de ser actores o cantantes para convertirse en presidentes, médicos, empresarios y hasta en jueces de la moral pública.

Pero no solo se conforman con opinar; lo hacen desde la altivez, con un tono de superioridad que deja claro que creen saber más que el resto de los mortales. Desde sus lujosas mansiones o desde los escenarios de premiaciones, se erigen en guías de la sociedad, señalando con el dedo qué está bien y qué está mal, a quién se debe votar y a quién no, qué causa es justa y cuál debe ser cancelada. Y lo hacen con la seguridad de quien ha leído un solo artículo en redes sociales y lo ha tomado como la verdad absoluta.

Lo más alarmante es que muchos de ellos han olvidado que el respeto se gana con acciones, no con sermones. En lugar de debatir con argumentos sólidos, recurren a la descalificación, a la burla y al escarnio público. Llegan al punto de regañar a su audiencia, asumiendo que su papel en una película o su éxito en los escenarios los convierte en seres iluminados, por encima de la gente común que, según ellos, necesita ser instruida en el camino correcto.

Es inevitable preguntarse si tanto bótox, cirugía y culto a la imagen han contribuido a esta sensación de omnipotencia. ¿Será que, al verse siempre jóvenes y perfectos en el espejo, algunos de estos artistas han comenzado a creer que son inmortales, que están por encima del bien y del mal? La humildad, al parecer, es un concepto que se va diluyendo entre aplausos y alfombras rojas.

La fama no debería ser sinónimo de arrogancia. El talento es valioso, pero no da derecho a imponer ideas ni a menospreciar al público. Quizás sea hora de recordarles a estos artistas que su mayor aporte a la sociedad no es dictar lecciones desde un atril, sino seguir haciendo lo que mejor saben hacer: entretener.


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