En las últimas décadas, el concepto de la inclusión y accesibilidad ha ganado relevancia, pero aún hay muchos aspectos de la vida cotidiana que requieren de un mayor compromiso y atención. Entre ellos, la necesidad de contar con más cambiadores de bebés, salas de lactancia adecuadas y la adaptación de las calles y el transporte público para facilitar el desplazamiento de personas con carritos de bebé o mujeres embarazadas. Esta es una cuestión que no solo impacta en la comodidad de los padres y las madres, sino también en la igualdad de oportunidades, la salud y el bienestar de los niños y las familias.

Uno de los aspectos más urgentes es la falta de espacios adecuados para el cuidado de los bebés en lugares públicos. Si bien en algunos países y ciudades se han hecho avances, muchas veces los cambiadores de bebés se encuentran en lugares inapropiados o, en el peor de los casos, no existen. Esto obliga a los padres a improvisar o a buscar alternativas poco prácticas. Las salas de lactancia, por otro lado, son vitales para permitir que las madres amamanten a sus hijos de manera cómoda y discreta cuando están fuera de casa. Sin estas instalaciones, las madres se enfrentan a situaciones incómodas y estigmatizantes, lo que puede llevar incluso a la disminución de la lactancia materna, que es fundamental para el desarrollo del niño.
En paralelo, las calles y medios de transporte también deben ser diseñados pensando en las necesidades de los padres, las madres embarazadas y los bebés. Es común ver aceras estrechas, falta de rampas en lugares públicos, escaleras en lugar de ascensores o elevadores, y autobuses o trenes que no cuentan con espacios especiales para carritos de bebé. Estas barreras físicas representan un obstáculo no solo para el bienestar de las familias, sino también para su movilidad y participación activa en la sociedad. Las mujeres embarazadas, por ejemplo, requieren de espacios cómodos y seguros para desplazarse sin poner en riesgo su salud ni la del bebé.
Es por eso que debemos ser más conscientes de estas problemáticas y exigir a los gobernantes que implementen regulaciones más estrictas en cuanto a la accesibilidad y la disponibilidad de estos servicios. Las políticas públicas deben contemplar el diseño universal, lo que implica que todos los espacios sean accesibles para cualquier persona, sin importar su situación. Además, la educación en torno a la importancia de estos temas y su inclusión en los planes urbanos y de transporte debe ser una prioridad.
Cada vez más ciudades están dando pasos hacia la creación de entornos inclusivos y adaptados, pero es fundamental que este proceso se acelere y se haga más visible. Es un tema que afecta a millones de personas, y su resolución contribuiría significativamente al bienestar de los niños, la igualdad de género y la calidad de vida de las familias en general.
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