El Decoro

En la actualidad, el concepto de «decoro» parece haberse desvanecido de muchas interacciones sociales. En un mundo donde la inmediatez, la tecnología y la constante búsqueda de atención predominan, la cortesía, el respeto y la moderación —características que históricamente definían el decoro— parecen ser cada vez más escasos. Sin embargo, más que afirmar que hemos perdido esta virtud, debemos preguntarnos: ¿Cómo podemos recuperar ese decoro que, más allá de ser un simple comportamiento, está profundamente vinculado con el respeto por los demás y por nosotros mismos?

El decoro no es solo una cuestión de comportamientos superficiales o de «buenos modales». En su esencia, es una manifestación de respeto hacia los demás y hacia las normas que nos permiten convivir de manera armónica. A lo largo de la historia, este concepto ha sido fundamental para la construcción de una sociedad civilizada, ya que establece los límites y las pautas de interacción que facilitan la convivencia. Tradicionalmente, el decoro incluía aspectos como la educación, la humildad y la moderación. Se entendía como un código de conducta que guiaba la forma en que nos relacionábamos con los demás, respetando tanto las normas sociales como la dignidad humana. En este sentido, el decoro no solo era un reflejo de los valores de una persona, sino también de su capacidad para ser consciente del impacto de sus acciones en la comunidad.

Sin embargo, la era digital ha tenido un impacto significativo en cómo entendemos y practicamos el decoro. Las redes sociales, al ofrecer plataformas para que todos puedan expresar sus opiniones, a menudo en espacios públicos, han contribuido a una disminución del filtro social que tradicionalmente regulaba nuestras interacciones. La facilidad de comunicación ha llevado a una sobreexposición de pensamientos, emociones y opiniones, muchas veces sin una reflexión profunda o el respeto adecuado por los demás. Este exceso de información y la rapidez con la que compartimos nuestras ideas han provocado que el decoro se vea como algo anticuado, una especie de limitación que interfiere con la «autenticidad» de lo que realmente pensamos o sentimos. Sin embargo, esta percepción es peligrosa, porque la autenticidad no debería ser sinónimo de irrespetuosidad ni de agresividad verbal. La libertad de expresión y la tecnología no deben anular la necesidad de ser considerados con los demás.

Para recuperar el decoro, debemos comenzar por redefinirlo en el contexto de nuestra sociedad actual. El decoro no debe ser una herramienta de represión, sino un acto consciente de respeto hacia el otro, en un entorno en el que la diversidad de pensamientos y valores es más amplia que nunca. La clave está en reconocer que el decoro no significa callar o suprimir nuestras opiniones, sino expresarlas de manera que promuevan el diálogo y el entendimiento, no el conflicto y la división.

Recuperar el decoro implica, ante todo, rescatar el respeto mutuo como un principio fundamental. Este respeto implica escuchar antes de hablar, entender que el hecho de que alguien tenga una opinión diferente no justifica el desdén o el ataque personal. El decoro no debe estar vinculado a un comportamiento superficial, sino a una disposición genuina a considerar al otro con empatía. Esto no significa renunciar a nuestras creencias o nuestra forma de ser, sino entender que la diferencia de opinión no tiene que implicar la pérdida de la humanidad y el respeto por el otro.

En este proceso, también es fundamental fomentar la cortesía en nuestra comunicación. Aunque los desacuerdos sean naturales, mantener la cortesía y el diálogo respetuoso puede transformar un desacuerdo en una oportunidad para aprender y crecer. Utilizar un lenguaje respetuoso y evitar el uso de términos despectivos contribuye a que el intercambio de ideas se mantenga productivo y no se convierta en una batalla de egos. La cortesía no debe ser vista como debilidad, sino como una fortaleza que nos permite convivir y avanzar juntos. En lugar de adoptar un tono destructivo, el decoro nos invita a construir puentes, no muros.

La moderación es otro valor esencial que debemos recuperar. En una sociedad que a menudo premia la provocación y la exageración, la moderación nos ayuda a encontrar un equilibrio entre la libertad de expresión y el respeto por los demás. Practicar la moderación no significa censurar nuestras opiniones o conformarnos con lo que se espera de nosotros, sino saber cuándo, cómo y por qué expresarnos. El decoro, entonces, implica ser responsables con nuestras palabras y nuestras acciones, sabiendo que cada una de ellas tiene un impacto en los demás.

Finalmente, recuperar el decoro también implica ser responsables con nuestras interacciones en el mundo digital. La sobrecarga de información y la distancia física que otorgan las plataformas sociales pueden fomentar actitudes más impulsivas y agresivas. Sin embargo, el decoro debe ser igualmente una práctica en línea, entendiendo que nuestras palabras, aunque escritas, pueden herir o enriquecer a quienes las leen. Ser conscientes de esto y elegir actuar con responsabilidad digital es un paso crucial para que el decoro siga siendo relevante en la actualidad.

Recuperar el decoro no significa vivir bajo estrictas normas de conducta ni renunciar a la libertad de expresión. Por el contrario, significa reconocer que la libertad de todos se encuentra en el respeto mutuo. El decoro no debe verse como una norma restrictiva, sino como una herramienta que facilita la comunicación y la unión. En tiempos de polarización y división, el decoro es un antídoto contra la intolerancia. Es un recordatorio de que nuestras diferencias no deben separarnos, sino que deben ser la base de un diálogo enriquecedor, siempre y cuando lo abordemos con respeto.


En lugar de lamentar la pérdida del decoro, debemos ver la oportunidad que tenemos de redescubrirlo y hacerlo nuestro. Recuperar el decoro no implica vivir bajo estrictas normas de conducta, sino hacerlo desde una perspectiva más inclusiva, flexible y consciente. Es necesario que, como sociedad, valoremos y promovamos el respeto mutuo, la cortesía y la moderación, ya que son los pilares que nos permiten convivir de manera civilizada y avanzar como comunidad. Si logramos esto, habremos encontrado una forma de devolverle al decoro el lugar central que merece en nuestras vidas.


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