Los economistas que aparecen en la tele y la radio son una especie fascinante, una mezcla entre sabios del mercado y adivinos de feria. Esos seres mágicos que te dicen con cara de profunda sabiduría: “puede que suba, pero también puede que baje”, como si en verdad estuvieran revelando el misterio de la existencia. Y claro, si tanto sabes de inversiones, ¿por qué no estás en Wall Street, multiplicando tu fortuna y dejando que los demás se preocupen por su futuro económico? No, ellos prefieren estar frente a una cámara, con un micrófono en la mano, regalando consejos tan certeros como la predicción del tiempo.

Lo que nunca dejan de recordar, con un tono de superioridad, es que «las probabilidades son inciertas». ¿Realmente alguien necesita escuchar que «puede que suba, puede que baje»? ¡Eso lo podría decir cualquier persona con una mínima comprensión del mercado! Pero claro, esta gente no se cansa de repetirlo una y otra vez, mientras nos miran como si estuvieran ofreciendo un análisis profundo. A ver, ¿si supieras tanto de inversiones, qué haces perdiendo el tiempo en la radio? ¿Por qué no estás en tu mansión privada disfrutando de los frutos de tu genio financiero? La respuesta es sencilla: lo que realmente saben hacer es vender humo, y el micrófono es su herramienta más efectiva.
Y claro, para los más avispados, siempre hay una oferta irresistible: cursos y más cursos. ¿Por qué invertir en el mercado cuando puedes venderle a otros la ilusión de que pueden convertirse en magnates financieros? Si de verdad tuvieran el secreto para forrarse, ¿por qué no lo estarían usando en su propio beneficio en lugar de compartirlo con el resto del mundo por unos cuantos miles de dólares? Porque al final, su verdadera inversión está en mantener a todos entretenidos con su charla, mientras ellos se quedan con el dinero de los cursos y seminarios.
Entonces, el misterio es el siguiente: si tienes la gallina de los huevos de oro, ¿me lo contarías a mí? ¿Realmente me harías el favor de compartir tu secreto, o me dejarías seguir mirando cómo te haces rico mientras te pago por cada palabra vacía que sueltas en la pantalla? Eso sí, siempre con una sonrisa confiada y un tono que insinúa que podríamos estar viviendo una nueva era dorada, si tan solo siguiéramos sus consejos. ¿De verdad?
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