La figura del becario ha sido una constante en el mundo laboral, especialmente en sectores como el periodismo, la publicidad, la ingeniería y muchas ramas de las ciencias sociales. En principio, la idea de un becario parece razonable: una persona que se encuentra en formación y que, como parte de su educación, tiene la oportunidad de adquirir experiencia en el ámbito laboral. Sin embargo, esta figura se ha transformado en una de las mayores manifestaciones de precariedad laboral y explotación, una situación que no debería ser tolerada en ninguna sociedad que se considere justa.

Un Trabajo Sin Remuneración: ¿Un Contrato de Aprendizaje o de Explotación
Lo que inicialmente parecía una oportunidad para combinar teoría y práctica, con el objetivo de facilitar el acceso al mercado laboral, se ha convertido en una práctica generalizada de trabajos no remunerados o con sueldos irrisorios. El argumento recurrente de quienes defienden las becas no remuneradas es que el becario «está aprendiendo», y por lo tanto, no debe recibir una compensación económica. No obstante, esta lógica resulta cada vez más insostenible. En muchos casos, el becario desempeña tareas esenciales dentro de la organización, asumiendo responsabilidades que van mucho más allá de lo que sería una simple «formación».
Las becas, al ser una excusa para ofrecer trabajo gratis, se han vuelto una herramienta para que las empresas eviten pagar salarios adecuados, mientras se aprovechan de la necesidad y vulnerabilidad de los jóvenes o de aquellos que buscan dar un giro a sus carreras. El hecho de que el trabajo esté asociado con el aprendizaje no justifica la ausencia de una remuneración justa. Un trabajo debe ser siempre remunerado, independientemente de la etapa en la que se encuentre el trabajador. El aprendizaje no es un sinónimo de explotación.
El Impacto en los Trabajadores Profesionales
Por otro lado, esta situación no solo afecta a los becarios, sino también a los trabajadores profesionales. Cuando las empresas optan por contratar becarios en lugar de personal remunerado, el mercado laboral se distorsiona. Los profesionales con experiencia ven cómo sus empleos son ocupados por personas que, aunque pueden tener un gran potencial, están siendo utilizadas como recursos baratos o gratuitos. Esto perpetúa la precarización laboral y genera una competitividad desleal, donde aquellos que ya han pasado años formándose y acumulando experiencia se ven desplazados por quienes, debido a su falta de experiencia, no deberían estar ocupando el mismo puesto en primer lugar.
Este desequilibrio también crea una cultura de desvalorización del trabajo profesional, pues la normalización de becas no remuneradas hace que se perciba como algo «normal» el trabajo sin pago. Se estigmatiza la idea de que el trabajo tiene que ser bien remunerado y se da por hecho que los jóvenes deben ser felices con la simple oportunidad de «hacer currículo», sin que eso implique ninguna compensación económica.
Una Falta de Oportunidades para Quienes Más lo Necesitan
A los becarios se les presenta como la «nueva generación», la de los que deben estar dispuestos a aprender a cualquier precio. Esto genera una disonancia entre aquellos que, por una razón u otra, no pueden permitirse trabajar de forma gratuita. Para muchos jóvenes, la oportunidad de acceder a una beca, aunque no sea remunerada, es vista como la única forma de ingresar al mercado laboral. Esto crea una situación en la que el trabajo se convierte en un privilegio y no en un derecho. Al no recibir una compensación económica, los becarios pueden enfrentarse a una carga económica insostenible, lo que limita aún más sus oportunidades.
Pero también hay que poner en la balanza a aquellas personas que, debido a su situación, no pueden permitirse realizar una beca. El trabajo no remunerado excluye a muchos de los que no tienen los recursos para vivir sin salario, creando una brecha aún más grande entre quienes pueden permitirse ser becarios y quienes no. Esto no solo perpetúa la desigualdad económica, sino que también impide el acceso a oportunidades laborales a los que más lo necesitan.
El Futuro del Trabajo: Un Cambio Necesario
La solución a la problemática de los becarios no radica en eliminar esta figura por completo, sino en transformarla. Las becas deben ser remuneradas de manera justa. El argumento de que el aprendizaje debe ser gratuito no tiene cabida en una economía moderna, donde el trabajo siempre debe estar valorado y compensado adecuadamente. Aquellos que están en proceso de formación, como los becarios, deberían recibir no solo la oportunidad de aprender, sino también una remuneración justa por el trabajo que realizan.
Las empresas deben comprender que el conocimiento tiene un valor, y que es importante reconocer el esfuerzo y la dedicación de aquellos que están dispuestos a aprender y contribuir al desarrollo de la organización. La educación no debe ser vista como un favor, sino como una inversión, y esa inversión debe ser compensada. Solo de esta manera se podrá garantizar que el mercado laboral sea justo, equitativo y accesible para todos.
La figura del becario, tal y como se presenta actualmente en muchas industrias, debería ser reconsiderada. Es hora de que el trabajo sea tratado con el respeto y la dignidad que se merece. No es justo que las personas trabajen gratuitamente bajo la excusa del aprendizaje, ni para los trabajadores profesionales ni para aquellos que luchan por encontrar empleo. El trabajo debe ser siempre remunerado de forma justa, independientemente de la etapa de la carrera o la edad del trabajador.
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