Llevas festejando con retraso toda tu vida

¡Atención, viajeros del tiempo! Bueno, en realidad no, pero casi. Si crees que cada 31 de diciembre recibes el Año Nuevo a la hora exacta, tengo noticias para ti: llevas festejando con retraso toda tu vida. Así es, amigo/a. Esa emoción de seguir las campanadas en la tele, de atragantarte con las uvas y abrazar a la familia justo cuando el reloj marca la medianoche… es una mentira. Bueno, no una mentira malintencionada, pero sí una ilusión temporal.

¿Por qué? Porque la retransmisión de las campanadas por televisión, radio e incluso streaming tiene un pequeño desfase. Pequeño, pero suficiente como para que el futuro ya haya llegado mientras tú sigues tragando uvas como si de ello dependiera la estabilidad del universo.

El desfase: una traición invisible

Cuando ves las campanadas en directo, en realidad estás viendo el pasado. Los programas en vivo tienen un retraso que puede ir de unos pocos segundos a incluso medio minuto, dependiendo de la transmisión y de cómo te llegue la señal. En televisión digital terrestre (TDT) hay un desfase de entre 5 y 10 segundos, y si lo ves por internet, la cosa empeora: el streaming puede retrasarse hasta 30 segundos o más.

Esto significa que si hay alguien en tu edificio con un reloj de toda la vida o un servicio de televisión más rápido, esa persona ya ha empezado a brindar mientras tú sigues intentando descifrar si lo que ha sonado es una campanada o un petardo de algún vecino entusiasta.

Pero entonces, ¿cuándo es realmente el Año Nuevo?

Si quieres recibir el Año Nuevo con puntualidad suiza, la solución es simple (pero menos glamurosa): consulta un reloj atómico. O al menos, sincroniza un reloj de confianza con la hora oficial de tu país, sin intermediarios digitales. Claro que esto le quitaría la magia a la tradición de ver la Puerta del Sol por la tele, pero serías de los pocos en celebrar el cambio de año con precisión quirúrgica.


Feliz (retrasado) Año Nuevo. ¡Nos vemos en el futuro (con un ligero delay)!


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