Si alguna vez pensaste que el Grinch era un personaje de ficción destinado a hacernos reír con sus extravagantes aventuras, prepárate para una revelación impactante: ¡los Grinch de la vida real existen, y son más numerosos de lo que imaginas! No, no estamos hablando de criaturas peludas con el corazón más pequeño de lo normal, sino de seres humanos que han hecho de la amargura su forma de vida. Y lo peor de todo es que no tienen pelos en la lengua para asegurarse de que todos los que los rodean también se ahoguen en su océano de desdicha.

Estas personas, que podrían haber sido los protagonistas de cualquier novela de terror, tienen una capacidad impresionante para encontrar algo que les moleste en todo lo que los rodea. Si alguna vez has visto a alguien arrugar la cara por la mera existencia de un árbol de Navidad decorado o se ha quejado de un simple villancico, ¡felicidades, has cruzado caminos con un Grinch! Pero no te preocupes, no necesitan una transformación mágica para ser todavía más insoportables: su estado natural es estar en constante desacuerdo con todo, incluso con su propia felicidad (si alguna vez experimentan esa sensación).
Y claro, ¿quién no siente una profunda molestia cuando alguien decide ser feliz? Al Grinch de la vida real, que observa cómo las familias disfrutan de sus vacaciones, comiendo un trozo de carne jugosa y viajando en un avión hacia algún lugar soleado, le da un ataque de rabia tan profundo que empieza a cuestionar la existencia misma de la felicidad ajena. ¿Cómo se atreven a ser felices mientras él se sienta en su silla, su única compañía siendo el eco de su propia amargura? Los Grinch son los primeros en comentar que “las vacaciones son una farsa” y que “la gente debería concentrarse en cosas más importantes”, como si de alguna manera su tristeza fuera una virtud que debería ser imitada por todos.
Pero no se detienen ahí. ¿Las obras de arte? Una pérdida de tiempo. Si no pueden encontrar algo que criticar en un cuadro o en una escultura, entonces lo criticarán en el nombre de la “modernidad absurda”. ¿El éxito de los demás? ¡Insoportable! Y no, no se trata de una crítica constructiva, sino más bien de un ataque directo, porque si ellos no pueden alcanzar el éxito, entonces nadie más debería tenerlo. Porque, claro, las únicas personas merecedoras de ser felices, de tener vacaciones, de disfrutar de un buen festín, de tener éxito… son, naturalmente, los Grinch. Todos los demás simplemente están molestando la paz con su alegría.
Pero lo más fascinante de todo esto es que los Grinch de la vida real no solo critican, sino que también han perfeccionado el arte de la descalificación absoluta. Si no piensas como ellos, prepárate para ser tildado de todo lo peor: “fascista”, “negacionista”, “inmoral”, y si tienes la osadía de defender una idea que no se ajusta a su estricta visión del mundo, ¡el ataque será inmediato y sin compasión! A ellos no les basta con mostrar su desdén hacia la felicidad ajena, sino que se empeñan en etiquetar a los demás con calificativos como si fueran expertos en diagnóstico social. No importa qué tan educada o razonada sea tu postura, a un Grinch siempre le resultará más fácil llamarte “ignorante” que tratar de entender tu punto de vista. Porque, claro, ellos son los portadores de la verdad universal y cualquiera que se atreva a pensar diferente está irremediablemente en el bando equivocado.
¿Y sabes lo que es lo más irónico de todo esto? Todo esto lo hacen con el mismo nivel de entusiasmo que el Grinch que decide robar la Navidad. Lo suyo no es solo que no les guste la felicidad, sino que lo disfrutan. Mientras tú disfrutas de un pedazo de carne en la cena de Navidad, ellos disfrutan de cada queja que escupen sobre cómo estás desperdiciando tu vida. Porque ser feliz es, de alguna manera, una afrenta a su sufrimiento existencial.
No hay duda de que los Grinch de la vida real se pasean por la vida con un halo verde (y no precisamente en el sentido literal). Son como las moscas en la miel, haciendo ruido sin razón, y saboreando la frustración que parece ser su único propósito en este mundo. Así que, si alguna vez te cruzas con uno de ellos, no pierdas el tiempo tratando de ser razonable. Simplemente, sonríe, sigue comiendo ese trozo de carne y planea tu próxima escapada. Porque el mundo necesita más alegría, y los Grinch… bueno, ellos seguirán siendo una plaga para aquellos que prefieren no perder su tiempo en amarguras ajenas.
Al final, ser feliz ante un Grinch es probablemente lo más revolucionario que podemos hacer.
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