La técnica del calamar en los debates es una estrategia de distracción que consiste en inundar la conversación con información irrelevante, confusa o engañosa para desorientar al oponente y evitar responder a una pregunta directa. Su nombre proviene del mecanismo de defensa del calamar, que libera tinta en el agua para nublar la visión de sus depredadores y así escapar. En un debate, esta técnica busca generar confusión y desviar la atención del tema central.

Uno de los métodos más comunes dentro de esta táctica es la saturación de información, donde el orador presenta una avalancha de datos, cifras o referencias que pueden parecer relevantes, pero en realidad solo sirven para abrumar a la audiencia y al contrincante. También es frecuente el cambio de tema, desviando la discusión hacia un asunto diferente o menos comprometedor para evitar responder directamente.
Otra forma de aplicar la técnica del calamar es mediante falsas analogías o ejemplos extremos, que distorsionan el argumento original y generan una falsa equivalencia. Asimismo, algunos debatientes recurren al uso excesivo de tecnicismos o lenguaje complicado, dificultando la comprensión del público y creando la ilusión de autoridad. En casos más agresivos, se emplean ataques personales (ad hominem) para desacreditar al oponente en lugar de refutar su argumento.
Por ejemplo, si en un debate político se pregunta a un candidato: «¿Cómo justifica el aumento del desempleo bajo su administración?», una respuesta basada en la técnica del calamar podría ser: «El desempleo es un fenómeno global influenciado por múltiples factores, como la automatización, la crisis económica internacional y decisiones de gobiernos anteriores. Además, si miramos la historia, en la crisis de 1929 el desempleo también subió, y hoy tenemos menos desempleo que otros países en desarrollo.» En este caso, el orador evita responder directamente y dispersa la atención con múltiples ideas desconectadas.
Para contrarrestar la técnica del calamar, es fundamental reformular la pregunta y exigir una respuesta clara. También es útil destacar la evasión, diciendo algo como: «Esa no es una respuesta directa a mi pregunta.» Otra estrategia efectiva es simplificar la discusión y centrarse en los puntos clave, evitando caer en la confusión generada.
Esta técnica es muy utilizada en debates políticos y públicos, pero una audiencia atenta y un oponente bien preparado pueden detectarla y desactivarla fácilmente.
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