Vampiros Energéticos

Ahí está otra vez. Lo reconoces al instante. Su presencia pesa en la habitación como una tormenta que se avecina. No chupa sangre, pero sientes cómo cada segundo a su lado te drena la voluntad de vivir. Su habilidad más impresionante no es la inmortalidad, sino su capacidad para convertir cualquier conversación en una sesión de tortura psicológica.

Siempre es la mayor víctima del universo. ¿Tienes un dolor de cabeza? Él lleva tres meses con migrañas y sospecha que es un tumor cerebral. ¿Estás feliz por un logro? Prepárate, porque él conoce todas las razones por las que no es tan importante. ¿Te atreves a tener esperanza? ¡Ja! Él te demostrará con datos, anécdotas y un monólogo infinito por qué todo está condenado al fracaso.

No habla contigo, te habla a ti. Cada historia, cada queja, cada comentario es un recordatorio de su propia grandeza, su sufrimiento o su incansable capacidad para ver lo peor en todo. Su vida es una tragicomedia sin fin, y tú, sin quererlo, eres su público cautivo.

Huir no es fácil. Se alimenta de tu paciencia, de tu entusiasmo, de tu alegría. Puedes intentar asentir con un “hmm” monótono, con la esperanza de que se aburra y busque otra víctima. O podrías contrarrestarlo con una positividad exagerada: “¡Qué maravilla que llueva! Mira qué bonito está el cielo gris.” Quizás, solo quizás, sufra una implosión existencial y desaparezca.

Pero lo sabes bien. No puedes derrotarlo. Siempre vuelve. Y mientras siga rondando, la vida será una eterna sesión de agotamiento mental. Si alguna vez te cruzas con uno, solo recuerda: corre mientras puedas.


Descubre más desde Hauschildt

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar