Si alguna vez has escuchado frases como «merezco lo mejor», «no me conformo con menos» o «un hombre que no mida más de 1.80 ni me hable», entonces has sido testigo de dos fenómenos sociales que han aterrorizado a generaciones enteras: la hipergamia y el síndrome de la diva.

La Hipergamia: Escalando como Tarzán, pero en el Amor
La hipergamia es ese hermoso instinto que impulsa a algunas personas (generalmente mujeres, pero no exclusivamente) a buscar pareja en la cima de la pirámide social, económica y genética. No es que esté mal querer lo mejor para uno mismo, pero cuando tu lista de requisitos parece un contrato de la NASA, puede que estés pidiendo demasiado.
Ejemplo clásico de hipergamia en acción:
—Oye, ese chico es guapo, simpático y trabajador.
—Sí, pero conduce un coche del 2017. NEXT.
Así es como muchos hombres aprenden que el amor verdadero no se mide en sentimientos, sino en el tamaño del bonus anual.
El Síndrome de la Diva: Reina Sin Trono, Pero con Mucha Actitud
Este síndrome se da cuando una persona (generalmente mujeres, pero, ojo, hay divos también) se convence de que es la encarnación de Cleopatra con la autoestima de Beyoncé en los Grammy. Sus frases típicas incluyen:
- «Yo no compito, me eligen».
- «Si quiere estar conmigo, que se lo gane».
- «Merezco a alguien que me trate como una reina» (spoiler: no hay reino, pero sí muchas expectativas).
Las divas modernas no buscan pareja, buscan patrocinador. Exigen detalles, compromiso, fidelidad y estatus, pero a cambio… bueno, cariño, tu presencia no paga la cena.
Hipergamia + Diva: Un Cóctel Peligroso
Cuando la hipergamia y el síndrome de la diva se combinan, tenemos una ecuación matemática más difícil que el cálculo cuántico. Para conquistar a una diva hipergámica, necesitas:
- Tener el físico de Chris Hemsworth.
- La cuenta bancaria de Elon Musk.
- El sentido del humor de Ryan Reynolds.
- La lealtad de un perro labrador entrenado.
Si fallas en uno solo de estos aspectos, serás enviado al legendario territorio de la friendzone, un lugar donde el cariño existe, pero la atracción es nula.
Mejor Reír Que Llorar
El amor es complicado, pero más complicado es cuando confundimos expectativas con realidad. Así que, si eres hipergámico/a o tienes síndrome de diva, relájate un poco. No todo el mundo es príncipe o princesa, pero con la actitud correcta, el sentido del humor y algo de amor genuino, cualquier historia puede tener un final feliz.
Y si no, bueno… siempre queda Tinder.
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