La dismorfia es un trastorno psicológico que hace que una persona perciba de manera exagerada o distorsionada algún defecto en su apariencia física. Aunque en realidad el defecto puede ser mínimo o incluso inexistente, la persona lo ve como algo muy notorio y angustiante.

¿Cómo se manifiesta la dismorfia?
Las personas con dismorfia pueden pasar muchas horas al día preocupándose por su aspecto, mirándose constantemente en el espejo o evitando hacerlo por completo. También pueden compararse con otras personas, buscar cirugías o tratamientos estéticos de manera excesiva y sentir ansiedad o depresión por su imagen.
Causas y factores de riesgo
La dismorfia puede tener diversas causas, como factores genéticos, experiencias traumáticas, baja autoestima o la influencia de las redes sociales y los estándares de belleza poco realistas. El constante bombardeo de imágenes editadas y cuerpos «perfectos» en los medios puede aumentar la insatisfacción con la propia apariencia.
¿Cuál es la diferencia entre dismorfia y baja autoestima?
Tener inseguridades es normal, pero la dismorfia es más grave. Mientras que una persona con baja autoestima puede sentirse incómoda con ciertos aspectos de su cuerpo, alguien con dismorfia experimenta un nivel de obsesión y angustia que interfiere con su vida diaria.
¿Tiene tratamiento?
Sí, la dismorfia puede tratarse con terapia psicológica, especialmente la terapia cognitivo-conductual (TCC), que ayuda a cambiar los pensamientos negativos sobre la apariencia. En algunos casos, se puede combinar con medicación si la ansiedad o la depresión son muy intensas.
La dismorfia es un trastorno serio que puede afectar la calidad de vida de quienes lo padecen. Es importante hablar sobre el tema y buscar ayuda profesional si la preocupación por la apariencia se vuelve abrumadora. Todos merecemos sentirnos bien con nosotros mismos, más allá de los estándares de belleza.
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