Ah, el fascinante mundo de las redes sociales, ese lugar donde la autoestima se mide en seguidores y donde la autenticidad se ahoga en un mar de algoritmos. En este contexto, ha nacido la maravillosa estrategia del «yo te sigo, tú me sigues». ¿Quién no ama la idea de que, para tener miles de seguidores, solo hay que seguir a miles de personas? ¡Un simple truco que no solo es inútil, sino que además es completamente ridículo!

Primero, una breve lección de lógica: ¿Por qué seguir a alguien que no te interesa en absoluto? Ah, claro, para conseguir su follow de vuelta. Porque evidentemente, la amistad y la interacción genuina en redes sociales se basan en un concepto tan noble como el intercambio de favores. Sin embargo, la magia no acaba ahí. No solo te siguen, sino que después te silencian. Sí, como lo oyes: te siguen, pero te ignoran. Es como si te invitaran a una fiesta, pero luego, al llegar, te metieran en un cuarto sin ventanas y cerraran la puerta con llave. ¿Qué sentido tiene esto? Ninguno, absolutamente ninguno.
Claro, no olvidemos el pequeño detalle de que una vez que te siguen y te silencian, el algoritmo de Instagram, Twitter o Facebook también se hace el disimulado. No te ven, no ven tu contenido, y por lo tanto, el algoritmo no los considera «activos» en tu perfil. En otras palabras, el seguimiento es completamente inútil para cualquier intento de aumentar tu alcance o visibilidad. Todo lo que genera es una falsa ilusión de popularidad: tienes una multitud de seguidores, pero ninguno de ellos tiene idea de lo que publicas. Bravo, amigo, has jugado como un maestro en la simulación del éxito.
Pero lo mejor de todo es la gran ironía: el «yo te sigo, tú me sigues» no solo es patético, sino que además juega en contra de tu propio contenido. Si lo que buscas es realmente crecer, deberías estar buscando seguidores que estén interesados en lo que compartes, personas que realmente interactúen, comenten y participen. Pero no, parece que lo importante es tener un número atractivo en tu perfil, incluso si no tiene ningún impacto real.
Así que, ¿quién necesita calidad cuando puedes tener una gran cantidad de seguidores que no te ven ni en pintura? Si estás dispuesto a recurrir a esta estrategia, tal vez es hora de preguntarte si las redes sociales realmente son lo tuyo. Y si es así, tal vez, solo tal vez, deberías considerar centrarte más en lo que publicas y menos en el tamaño de tu ego numérico.
Si tu fórmula para el éxito en redes sociales es «yo te sigo, tú me sigues», es probable que la única persona a la que estás engañando seas tú mismo. Mejor sigue el camino de la autenticidad, no el de la falsedad. Porque, al final del día, lo único que te seguiría siendo real sería tu propio vacío existencial al ver que la cantidad de seguidores no llena el hueco de la calidad perdida.
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