Justificar lo Injustificable

En el complejo escenario de la política y la sociedad, uno de los fenómenos más sorprendentes y reveladores es el tratamiento desigual que se da a las personas en cuanto a la aceptación de sus errores o acciones, y cómo, en muchos casos, se les permite a ciertos individuos o grupos justificar lo injustificable sin consecuencias, mientras que a otros se les exige una rendición de cuentas mucho más rigurosa. Esta disparidad en el trato puede parecer inexplicable, pero en realidad tiene raíces profundas en la psicología humana, las dinámicas de poder y la influencia de las ideologías.

La Psicología del Perdón y la Justificación

Una de las razones fundamentales por las que algunas personas son perdonadas o justificadas de manera sistemática tiene que ver con la necesidad humana de mantener una percepción de coherencia y pertenencia a un grupo. Las personas tendemos a ser más indulgentes con aquellos a quienes consideramos parte de nuestra comunidad, ya sea por vínculos emocionales, ideológicos, familiares o sociales. Esto se debe a lo que los psicólogos llaman sesgo de afinidad, que implica una tendencia a mostrar una mayor comprensión y tolerancia hacia las acciones de aquellos con los que compartimos intereses, creencias o valores.

Por ejemplo, un líder o una figura pública que es parte de una ideología o movimiento al que pertenecen muchas personas puede gozar de un trato preferencial o ser perdonado por comportamientos cuestionables debido a esta afinidad. Las personas que se sienten identificadas con sus ideas o visión del mundo tienden a minimizar o justificar sus errores, ya que aceptar las críticas hacia él o ella implicaría enfrentarse a la disonancia cognitiva, es decir, la incomodidad de reconocer que la figura que admiramos no es perfecta y que nuestros propios valores podrían estar en conflicto con sus acciones.

Este fenómeno se refuerza cuando el grupo en cuestión ve a la persona como una representación de una causa mayor o como un defensor de sus propios intereses. En esos casos, incluso cuando la figura cometiera actos gravemente injustificables, los seguidores tienden a justificar sus acciones bajo el pretexto de que sus errores son menores frente a la «gran causa» que representan o que sus intenciones eran buenas, aunque los resultados hayan sido negativos.

El Efecto de la Ideología en la Justificación Injustificable

En el ámbito político, el fenómeno se intensifica cuando las personas se alinean con una ideología particular, lo que genera una dinámica de «nosotros contra ellos». En este contexto, se crea una narrativa que exime a los miembros del grupo de ciertas responsabilidades, bajo la premisa de que los fines justifican los medios. De esta manera, las acciones de los líderes o miembros del grupo en cuestión son interpretadas a través de un filtro que minimiza las consecuencias negativas o las considera como «accidentes» o «daños colaterales» que no deberían empañar la «bondad» general del proyecto o del partido.

Este tipo de justificación ciega es muy común en los sistemas políticos polarizados, donde los seguidores de un partido o ideología son capaces de defender actitudes, políticas o decisiones erróneas de sus líderes, mientras que en el otro bando se exigen rendiciones de cuentas mucho más estrictas y se castigan severamente los mismos errores. El sesgo ideológico puede ser tan poderoso que convierte a los individuos en defensores de lo indefendible, solo porque proviene de la figura o corriente con la que se identifican.

El Trato Desigual: ¿Por Qué A Algunos No Se Les Deja Pasar Nada y A Otros Se Les Perdona Todo?

Una de las preguntas más complejas dentro de este fenómeno es: ¿por qué algunas personas parecen no tener espacio para el perdón y se les exige una rendición de cuentas implacable, mientras que otras, a pesar de cometer errores similares o incluso peores, reciben un trato indulgente? Esta disparidad en el trato está profundamente vinculada a varios factores.

Poder y Posición Social
Las personas en posiciones de poder o con una gran influencia política, económica o social a menudo reciben un trato más indulgente debido a su capacidad para influir en la opinión pública o en las instituciones. La sociedad, a veces, prefiere pasar por alto las fallas de estas personas porque su poder les otorga una especie de inmunidad, o porque temen las repercusiones de cuestionar su autoridad. Además, los medios de comunicación y los seguidores leales tienden a protegerlos, y en algunos casos, los propios grupos de poder manipulan narrativas para hacer que sus errores se vean menos graves.

Afiliación Ideológica
La afinidad ideológica es otro factor importante. Cuando una persona pertenece a un grupo ideológico que comparte un gran número de seguidores, es más probable que sus errores sean minimizados o incluso perdonados por quienes comparten sus ideas. Los seguidores tienden a darles el beneficio de la duda, justificando sus fallas como inevitables o aceptables dentro del marco más amplio de la lucha ideológica.

Carácter y Percepción Pública
En algunos casos, la percepción pública de la persona también juega un papel clave. Los líderes carismáticos o aquellos que tienen una «imagen positiva» frente al público pueden recibir un trato más indulgente, ya que las personas los ven como una representación de ciertos valores o esperanzas. Esta idealización de la figura, combinada con una percepción de que su trabajo o su causa son más importantes que sus errores personales, facilita la justificación de sus faltas.

Invisibilidad de la Crítica
A veces, la crítica hacia ciertas figuras es silenciada o ignorada, especialmente en contextos donde los medios de comunicación y las redes sociales son cómplices de esta dinámica. Esto puede ocurrir tanto por la manipulación directa como por un efecto de autocensura, donde los individuos sienten que atacar o cuestionar a una figura popular o poderosa podría tener consecuencias negativas para su propio estatus o bienestar.

Este conjunto de factores permite que se dé un trato desigual y se perdonen ciertas acciones, mientras que a otros se les exige una justicia implacable.


El trato desigual en la justicia, tanto a nivel personal como político, es un fenómeno que tiene sus raíces en la psicología humana, las dinámicas de poder y la influencia de las ideologías. Las personas tienden a justificar lo injustificable en aquellos con los que se sienten identificados, ya sea por afinidad ideológica, por la admiración hacia una figura o por la pertenencia a un grupo social o político. Sin embargo, este trato desigual no solo perpetúa la injusticia, sino que también corroe la coherencia de los principios éticos fundamentales. Es crucial que, tanto a nivel individual como colectivo, cultivemos una actitud crítica que nos permita cuestionar las acciones, incluso de aquellos que seguimos o admiramos, y que exijamos rendición de cuentas de manera justa y equitativa para todos. Solo así podremos garantizar que la justicia no esté sujeta a favoritismos, ideologías o posiciones de poder.


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