La tradición de comer doce uvas en Nochevieja es una costumbre muy arraigada en países de habla hispana, especialmente en España y algunos países de América Latina. Según la tradición, comer una uva por cada campanada al final del año trae buena suerte para los próximos doce meses. Sin embargo, esta práctica tiene una historia interesante y algunas implicaciones que vale la pena analizar.
Historia de las uvas de Nochevieja
La tradición se remonta a finales del siglo XIX y principios del siglo XX en España. Hay dos teorías principales sobre su origen:
- Un excedente de producción: En 1909, los viticultores de Alicante tuvieron una cosecha de uvas excepcionalmente grande. Para dar salida al excedente, promovieron la idea de comer doce uvas como un acto de buena suerte para el año nuevo.
- Una costumbre burguesa: Durante el siglo XIX, las familias adineradas de España adoptaron la tradición francesa de comer uvas y brindar con champán en la última noche del año. Las clases populares habrían adoptado la tradición, dándole su propio significado.
¿Deberíamos cuestionar esta tradición?
A pesar de su simbolismo, es válido reflexionar sobre algunos aspectos de esta costumbre:
- Riesgo de atragantamiento: Cada año, se reportan casos de personas que se atragantan al intentar comer las doce uvas al ritmo de las campanadas. En especial, los ancianos, los niños pequeños y quienes tienen dificultades para masticar son los más vulnerables. Aunque no hay estadísticas globales precisas, se sabe que servicios de emergencias suelen atender llamadas relacionadas con estos incidentes durante la Nochevieja.
- Foco en la televisión: Muchas familias centran toda su atención en la retransmisión televisiva de las campanadas, restando protagonismo al contacto humano en ese momento tan simbólico. Mirar un reloj gigante o un presentador en la pantalla desvía la atención de lo realmente importante: compartir y conectar con nuestros seres queridos.
- El simbolismo frente a la conexión emocional: Comer las uvas puede ser un gesto supersticioso que desvía el enfoque de lo esencial: celebrar la unión familiar, expresar gratitud y abrazar a quienes queremos. Muchas veces, el estrés de «hacerlo bien» (que no se te atraganten las uvas, que sigas el ritmo exacto de las campanadas) deja poco espacio para disfrutar del momento.
Dejar de lado la tradición de las uvas puede ser una invitación a crear nuevas formas de celebrar la Nochevieja que prioricen el amor, la presencia y el cuidado mutuo. Al final, lo que realmente importa no es comer doce uvas, sino comenzar el nuevo año rodeados de cariño y gratitud.
NOTA: Según la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC), las uvas representan un riesgo significativo de atragantamiento, especialmente para los niños menores de 5 años, las personas mayores de 65 años y aquellos con disfagia. Durante la Nochevieja, los servicios de urgencias hospitalarias suelen atender numerosos casos de atragantamiento debido a la prisa por consumir las doce uvas al compás de las campanadas. Aunque no hay cifras exactas disponibles sobre el número total de personas hospitalizadas específicamente por atragantamiento con uvas, se sabe que este es uno de los principales problemas a los que se enfrentan los servicios médicos en esta fecha.
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