Zapatero a tus zapatos

Vivimos en una época donde la frontera entre lo personal y lo profesional parece haberse diluido, y no para bien. Hoy en día, muchas empresas, figuras públicas, y hasta marcas parecen más interesadas en compartir sus posturas políticas, ideologías o aspectos íntimos que en cumplir con la función esencial que les dio origen. En este contexto, surge una reflexión que invita al retorno de la simplicidad: zapatero a tus zapatos. Es decir, que cada quien se dedique a hacer bien su trabajo sin entrar en territorios que pueden no ser su competencia.

Zapatero a tus zapatos

La era de la sobreexposición

La globalización de las redes sociales ha hecho que todos, desde panaderos hasta gigantes automovilísticos, sientan la necesidad de posicionarse públicamente sobre temas sociales, políticos o culturales. Esta práctica, que podría interpretarse como una forma de activismo o de conexión emocional con las audiencias, ha terminado generando saturación, divisiones y, en algunos casos, rechazo.

Un ejemplo evidente es el de marcas que, más allá de vender sus productos, invierten millones en campañas para promover ciertas posturas. Mientras algunos consumidores celebran esta valentía, otros cuestionan: ¿qué tiene que ver esto con el producto o servicio que ofrecen? La experiencia del cliente se ve empañada por distracciones innecesarias que, lejos de agregar valor, parecen desviar el foco de lo importante: la calidad y funcionalidad del bien o servicio.

Antes, ir a una panadería era una experiencia simple. El cliente buscaba pan, y el panadero se dedicaba a cumplir con esa necesidad. Poco importaba a qué partido político votaba el panadero o cuáles eran sus creencias religiosas. Sin embargo, hoy vemos una tendencia creciente donde negocios pequeños y grandes sienten la presión de «tomar partido».

Esta tendencia no se limita a las marcas. Actores, deportistas y otros personajes públicos han dejado de ser identificados exclusivamente por su talento y trabajo. Ahora, muchas veces, su relevancia parece depender más de sus opiniones sobre temas candentes que de su desempeño en sus respectivas áreas.

Cuando las marcas o personas se apartan de su propósito principal para centrar sus energías en demostrar sus posturas, corren el riesgo de:

  1. Perder credibilidad profesional: Un deportista cuyo rendimiento cae mientras se dedica a opinar constantemente sobre temas políticos puede alienar a su base de fans, que originalmente lo seguían por su desempeño en el campo.
  2. Polarizar a su audiencia: En un mundo cada vez más dividido, expresar opiniones políticas o ideológicas puede alienar a la mitad de los clientes o seguidores.
  3. Diluir su identidad: En lugar de ser reconocidos por su excelencia, pueden ser recordados como «los que se meten en todo menos en lo suyo».

La nostalgia de lo simple

Extrañamos esos tiempos donde la panadería era un espacio de neutralidad y los negocios tenían un propósito claro: servir al cliente. No necesitábamos saber si el panadero era de izquierda o de derecha para disfrutar de un buen pan. Tampoco importaba qué postura tenía la marca de coches sobre el último conflicto social, siempre y cuando el coche fuera confiable.

Esa neutralidad permitía que los consumidores se sintieran cómodos, independientemente de sus propias posturas o creencias. Generaba un espacio donde la calidad y el servicio hablaban más fuerte que cualquier mensaje ideológico.

Un llamado al retorno de lo esencial

Este artículo no busca descalificar las causas o ideologías. Cada persona y organización tiene derecho a opinar y actuar según sus principios. Sin embargo, es importante recordar que, cuando se diluyen los límites entre lo profesional y lo personal, las consecuencias pueden ser contraproducentes. No todos buscan en una marca o figura pública un portavoz ideológico; a veces, solo queremos pan fresco, un coche confiable o una película bien actuada.


Zapatero a tus zapatos es más que un refrán; es un recordatorio de que la excelencia se encuentra en la simplicidad de hacer bien aquello que se promete. En un mundo tan complejo y polarizado, tal vez el verdadero acto revolucionario sea volver a lo esencial: ofrecer lo mejor de nuestro trabajo y dejar que el resto fluya en su propio espacio.

Un llamado al retorno de lo esencial

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