Cada día, nos despertamos con un bombardeo continuo de noticias alarmantes sobre catástrofes mundiales. Los medios de comunicación, dominados por los gobernantes de turno, insisten en decirnos una y otra vez que el mundo se va a acabar de una manera u otra. Sin embargo, sus relatos a menudo se contradicen, generando confusión y miedo en la población.

Un día, nos dicen que el agua se evaporará y que enfrentaremos una sequía sin precedentes. Al día siguiente, nos advierten sobre una gran inundación que sumergirá ciudades enteras. Luego, nos alertan sobre la posibilidad de un meteorito que destruirá la Tierra, o que el sol nos freirá con su radiación. También nos hablan de la posibilidad de que la Tierra deje de girar o que un virus mortal nos aniquile a todos.
Lo que parece claro es que no se ponen de acuerdo en cómo vamos a morir. Lo importante para ellos parece ser mantenernos en un estado constante de tensión, miedo y expectativa. Esta estrategia de comunicación tiene un impacto significativo en nuestra salud mental y emocional, ya que nos mantiene en un estado de alerta constante.
Además, esta táctica de miedo y confusión también puede ser utilizada para justificar medidas impopulares, como el aumento de impuestos o restricciones a nuestras libertades. Los gobernantes, independientemente de su ideología política, parecen coincidir en que mantener a la población asustada y desorganizada les permite ejercer un mayor control sobre ella.
Es importante que, como ciudadanos, aprendamos a discernir entre la información veraz y las exageraciones mediáticas. Debemos cuestionar las fuentes de información y buscar múltiples perspectivas para formarnos una opinión informada. Solo así podremos enfrentar las verdaderas amenazas y desafíos que enfrenta nuestro mundo sin dejarnos llevar por el miedo y la confusión.
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