La falacia de la ventana rota

La falacia de la ventana rota fue propuesta por el economista francés Frédéric Bastiat en su ensayo de 1850 “Ce qu’on voit et ce qu’on ne voit pas” (Lo que vemos y lo que no vemos) para ilustrar la idea de los costes escondidos, hoy más conocidos como costes de oportunidad.

La falacia de la ventana rota

Bastiat pone el ejemplo de un niño que rompe el cristal de un comercio. Al principio, todo el mundo simpatiza con el comerciante, pero pronto empiezan a sugerir que el cristal roto beneficia al cristalero, que comprará pan con ese beneficio, beneficiando al panadero, quien comprará zapatos, beneficiando al zapatero, etc. Finalmente la gente llega a la conclusión de que el niño no es culpable de vandalismo, sino que ha hecho un favor a la sociedad, creando beneficio para toda la industria.

La falacia de este razonamiento, según Bastiat, consiste en que se consideran los beneficios del cristal roto, pero se ignoran los costes escondidos; el comerciante está obligado a comprar una ventana nueva, cuando quizás fuera a comprar pan beneficiando al panadero1. Al final, mirando el conjunto de la industria, se ha perdido el valor de un cristal1. Bastiat llega a la conclusión de que «la sociedad pierde el valor de los objetos inútilmente destruidos» y que «la destrucción no es beneficio».

La falacia de la ventana rota tiene varios desventajas o problemas:

  1. Ignora el coste de oportunidad: El dinero gastado en reemplazar una ventana rota podría haberse gastado de otra manera si la ventana no se hubiera roto. Este es el concepto de coste de oportunidad, que es ignorado en la falacia de la ventana rota.
  2. No hay creación de riqueza: Aunque puede parecer que la economía se beneficia debido a la necesidad de reemplazar la ventana, en realidad no se crea ninguna riqueza nueva. Solo se está reemplazando algo que ya existía.
  3. Desvío de recursos: Los recursos que se utilizan para reemplazar la ventana podrían haberse utilizado para producir bienes o servicios adicionales, lo que habría aumentado la riqueza total.
  4. Efecto negativo en el ahorro: Si el dinero gastado en reemplazar la ventana se hubiera ahorrado en lugar de gastado, podría haberse invertido en la producción de bienes y servicios adicionales en el futuro.

La falacia de la ventana rota ignora el hecho de que la destrucción de la propiedad no beneficia a la economía en general, sino que simplemente desvía los recursos de un uso productivo a otro menos productivo.

¿Cómo se relaciona esto con la toma de decisiones en política?

La falacia de la ventana rota tiene implicaciones significativas en la toma de decisiones políticas, especialmente en lo que respecta a la política económica:

  1. Política de gasto público: A veces, los políticos pueden argumentar que el gasto público en ciertos proyectos puede generar empleo y estimular la economía. Sin embargo, si estos proyectos no son productivos o necesarios (como reemplazar ventanas que no necesitan ser reemplazadas), entonces puede ser una manifestación de la falacia de la ventana rota. El dinero gastado en estos proyectos podría haberse utilizado de manera más productiva en otros lugares.
  2. Política fiscal: La falacia de la ventana rota puede usarse para criticar ciertas políticas fiscales que se centran en la redistribución de la riqueza en lugar de su creación. Por ejemplo, los impuestos altos que se utilizan para financiar proyectos gubernamentales pueden desincentivar la inversión y la producción económica.
  3. Política de guerra: Algunos pueden argumentar que la guerra puede tener beneficios económicos al estimular la producción y el empleo en la industria de la defensa. Sin embargo, esto es un ejemplo de la falacia de la ventana rota, ya que ignora el coste de oportunidad de los recursos utilizados. Estos recursos podrían haberse utilizado para producir bienes y servicios que mejoren la calidad de vida de las personas en lugar de ser utilizados para la destrucción.

La falacia de la ventana rota sirve como un recordatorio importante para los responsables de la toma de decisiones políticas de considerar tanto los costes visibles como los invisibles de sus políticas. Es esencial tener en cuenta los costes de oportunidad y pensar en cómo se podrían utilizar mejor los recursos.


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