NutriScore

De todas las grandes innovaciones del mundo moderno —piensa en internet, las vacunas o el microondas—, también hemos tenido que soportar algunas ideas que generan dudas. El NutriScore, ese semáforo de colores que supuestamente evalúa lo saludable que es un alimento, es el equivalente alimenticio a una bufanda en verano: innecesario, confuso y un tanto absurdo. Pero, claro, en el primer mundo siempre encontramos nuevas maneras de complicarnos la vida, y el NutriScore es un ejemplo perfecto.

Las críticas: entre el caos y la confusión

El NutriScore pretende ser una guía rápida y sencilla para ayudar a los consumidores a tomar decisiones más saludables en el supermercado. Colores del verde al rojo, letras de la A a la E, y listo: tú, persona promedio, deberías saber exactamente qué elegir. ¿El problema? Las galletas «bajas en azúcar» pueden tener una B mientras que el aceite de oliva —bendito líquido dorado que podría ser patrimonio de la humanidad— se lleva una D. ¿Cómo?

Ahí está el detalle: el NutriScore no mide si un alimento es bueno o malo, sino que se basa en una compleja ecuación de calorías, azúcares, grasas saturadas y otros factores. Al final, confía en que sus etiquetas te hagan creer que un refresco light es «mejor» que un pedazo de queso artesanal. Su misión: generarte ansiedad al comprar una barra de chocolate mientras el pequeño demonio de la conciencia grita: ¡Esa E te hará engordar y morir joven!

La ironía de las prioridades

Ahora imagina a un niño con hambre. Le miras a los ojos y le dices con solemnidad: «No puedo darte estas galletitas porque tienen una D en el NutriScore. Mejor espera que consiga un yogur con B». Seguro que te da las gracias con una lagrimita de gratitud. Porque nada dice “me importa tu bienestar” como negarle comida a alguien en base a una tabla abstracta de colores.

El NutriScore refleja perfectamente nuestra obsesionada sociedad del bienestar, donde podemos permitirnos diseccionar cada bocado mientras una parte del mundo lucha por conseguir el pan diario. Eso sí, es práctico: ahora puedes sentirte culpable no solo por comer una hamburguesa, sino también por disfrutar un saludable trozo de aguacate.

Nuestra alternativa: NutriSinsentido

Ya que el NutriScore está tan comprometido con simplificar lo complejo y confundir lo claro, proponemos un sistema alternativo, mucho más intuitivo, realista y ¡divertido! Aquí te lo dejamos:

  • A: Verde oscuro (Aceptable). ¿Es comestible? Pasa.
  • B: Verde claro (Bien). ¡Eh! Esto no te matará.
  • C: Amarillo (Convincente). Está decente; no te compliques.
  • D: Naranja (Delicioso). Vas por buen camino. Sí, lleva grasa, ¿y qué?
  • E: Rojo (Espectacular). Si esto no te hace feliz, nada lo hará.

No hay culpas ni ecuaciones secretas. Comes, disfrutas y sigues adelante. Tal vez esta «tabla» no gane premios de nutrición, pero seguro que te hará la vida más sencilla y las comidas más placenteras. Al final del día, ¿no es eso lo que cuenta?

Quizá sea hora de reconocer que etiquetar la comida con colores y letras no resolverá nuestros problemas de salud pública. Tal vez, sólo tal vez, deberíamos dejar de preocuparnos tanto por las etiquetas y centrarnos en educar mejor sobre nutrición, disfrutar con moderación y —¡sorpresa!— recordar que la vida no es perfecta, pero un buen chocolate siempre ayuda.


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