El mal del emprendedor

Ser emprendedor puede sonar glamuroso desde fuera: construir tu sueño, ser tu propio jefe, desafiar las reglas. Pero quienes han recorrido este camino saben que, además de la montaña rusa de emociones, también deben lidiar con un fenómeno que podríamos llamar «el mal del emprendedor». Ese extraño escenario en el que, hagas lo que hagas, siempre hay un coro de críticos listo para emitir juicios.

El mal del emprendedor

Si fracasas: «Ya lo sabíamos»

Cuando un emprendimiento no sale como se esperaba (algo bastante común, por cierto), el diagnóstico social suele ser despiadado. Escuchar frases como «era obvio que no iba a funcionar» o «¿quién te mandó a intentar eso?» es casi una garantía. En ese momento, muchos olvidan que los grandes logros están construidos sobre fracasos previos. Es más, la mayoría de las historias de éxito tienen como preludio una buena cantidad de tropiezos, aprendizaje y perseverancia.

Pero no, el fracasado no recibe empatía. En lugar de reconocimiento por haber tenido el coraje de intentar algo diferente, suelen llegar las críticas, muchas veces de quienes nunca se han atrevido a salir de su zona de confort.

Si triunfas: «Tuviste suerte»

Pero si logras superar los obstáculos y finalmente tienes éxito, tampoco estás exento del juicio social. Esta vez las frases cambian: «Tuviste suerte», «ya cualquiera puede» o «el mercado estaba a tu favor». De pronto, los mismos que dudaron de ti ahora minimizan tus logros, atribuyéndolos al azar o a factores externos.

Es curioso, porque pocas veces se reconoce el esfuerzo, la dedicación y las horas invertidas en convertir una idea en realidad. Ese sacrificio silencioso que no siempre es visible para quienes miran desde afuera.

Entonces, ¿qué hacer ante este mal?

Lo primero es entender que este fenómeno no tiene tanto que ver contigo, sino con la forma en que muchos interpretan el riesgo y el cambio. Lidiar con la crítica, ya sea por fracasar o por triunfar, es parte del paquete emprendedor. Aquí algunas ideas para navegar por estas aguas:

  1. Define tu propio éxito. No permitas que las opiniones externas dicten el valor de tus logros o aprendizajes. Si fracasar te ha enseñado algo valioso, ya has ganado.
  2. Rodéate de gente que te entienda. Busca una red de apoyo, personas que hayan pasado por experiencias similares y puedan ofrecerte perspectiva sin juzgarte.
  3. Acepta que no puedes complacer a todos. Siempre habrá alguien con algo que decir, pero al final del día, tu opinión sobre ti mismo es la que cuenta.
  4. Celebra tus avances, grandes o pequeños. Cada paso hacia adelante, por más pequeño que parezca, es motivo de orgullo.

Emprender es mucho más que un camino profesional; es una aventura personal llena de retos, aprendizajes y recompensas. El «mal del emprendedor» puede ser frustrante, pero también es una oportunidad para desarrollar resiliencia y enfocarte en lo que realmente importa: seguir adelante a pesar de todo.

Recuerda, ya sea que caigas o que vueles alto, siempre habrá quien hable. Pero lo que realmente importa es que nunca dejes de intentarlo.


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